El momento más precario de la política nacional

La fumata blanca a los Presupuestos Generales del Estado de 2018 es una prórroga de contrato de Rajoy como inquilino de La Moncloa hasta el agotamiento de una legislatura alumbrada con forceps

Foto: Mariano Rajoy y Aitor Esteban, del PNV. (EFE)
Mariano Rajoy y Aitor Esteban, del PNV. (EFE)

Le tengo oído al líder del PSOE, Pedro Sánchez​, que a finales del "año tonto" (29 de octubre de 2016, por ser exactos), con el apoyo de Ciudadanos y la abstención de los socialistas, "se resolvió el problema de la investidura" (Rajoy 'for president'), "no el de la gobernabilidad que desde entonces arrastra este país".

Un buen diagnóstico sobre el minuto y resultado de la política nacional. El más aleatorio desde el hundimiento socialista, por ruptura del pacto de Zapatero con sus votantes en mayo de 2010, la irrupción de Podemos y la engañosa barrida electoral de Mariano Rajoy en noviembre de 2011.

La situación se parece al grotesco momento del partido con dos balones en el campo. Hasta que el árbitro se da cuenta y manda parar. Sin embargo, la cantada fumata blanca a los Presupuestos Generales del Estado de 2018, cuya dinámica negociadora va a trabarse con los de 2019, es una prórroga de contrato de Rajoy como inquilino de La Moncloa hasta el agotamiento de una legislatura alumbrada con forceps.

Los dirigentes del PP corren como pollos sin cabeza tras el castigo de las urnas catalanas y los daños a la imagen del partido por el caso Cifuentes

Estabilidad con pies de barro. Los dirigentes del PP corren como pollos sin cabeza, tras el severo castigo de las urnas catalanas y graves daños en la imagen del partido por el caso Cifuentes. "Lo sabemos bien quienes ya hemos sido pollos sin cabeza", me dice un veterano dirigente socialista.

Las apariencias también cuentan, aunque sean muy débiles los cimientos del decorado. Ahí encaja el inadvertido golpe de timón que convenía al Ejecutivo para dotarse de esa precaria estabilidad parlamentaria. Me refiero al servicio prestado por los cinco escaños del PNV en la tramitación de los Presupuestos. De la noche a la mañana, al nacionalismo vasco dejó de importarle la aplicación del artículo 155 en Cataluña por parte del represor Estado español. Y con la misma insoportable levedad del compromiso político, al Gobierno dejó de parecerle "un suicidio", "una irresponsabilidad", "una locura", volver a vincular la subida de las pensiones al aumento del IPC, por falta de recursos, como se habían hartado de advertir públicamente Montoro, Báñez y el propio Rajoy.

Pedro Sánchez, descolgado

Balón de oxígeno para el Gobierno. De acuerdo. Al menos ha sido por una buena doble causa. La de señalar al nacionalismo catalán el camino de vuelta hacia el sentido común: gobierno viable como la forma más rápida de cancelar el 155. Y la de mantener el poder adquisitivo de las pensiones, después de las masivas movilizaciones. Especialmente en el País Vasco, lo cual puso a disposición del PNV la excusa perfecta para apoyar los PGE y alargar la vida política de Rajoy.

Quien queda un tanto descolgado es Sánchez. El PSOE está obligado a celebrar que los nacionalistas vascos dejen de reprobar el derecho del Estado a defenderse de la agresión secesionista en Cataluña. Y a aplaudir con las orejas la revalorización de las pensiones por encima del exiguo 0,25%, aunque denuncie con razón que "la palabra de Rajoy ha quedado devaluada". Sí, pero, insisto, por una buena causa.

Madrid y Cataluña cursan como dos grandes culebrones cuyo incierto desenlace va a influir con toda seguridad en la España de los cuatro en raya

Todo está muy abierto. A la espera de la primera meta volante (elecciones andaluzas adelantadas a noviembre), las cuatro fuerzas en liza (PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos) se preparan para la gran batalla electoral de mayo del año que viene, cuando por primera vez desde 1999 van a coincidir las europeas con las autonómicas y las municipales.

Hasta entonces, Madrid y Cataluña cursan como dos grandes culebrones cuyo incierto desenlace, el que sea, va a influir con toda seguridad en la España de los cuatro en raya. Dos nuevos, dos viejos: ¿será esa la frontera de las próximas elecciones generales?

Por cierto, la escandalosa disparidad de los sondeos sobre intención de voto tampoco nos saca de dudas. Que lo sepamos.

Al Grano

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