El penúltimo farol de Carles Puigdemont y sus costaleros

El farol caduca dentro de una semana. El 14 de mayo es la fecha decidida por el propio ‘expresident’ y sus costaleros, reunidos el sábado pasado en Berlín

Foto: Puigdemont y Artadi, en la reunión en Berlín del 5 de mayo. (EFE)
Puigdemont y Artadi, en la reunión en Berlín del 5 de mayo. (EFE)

En el tramposo y difamatorio discurso independentista, la imposible investidura telemática de Puigdemont se presenta como una nueva oportunidad para que el Estado rectifique y dé su brazo a torcer. ‘Somiar truites’, diría Albert Pla.

Otros decimos simplemente que estamos ante el penúltimo farol del realquilado de una Justicia alemana que se dispone a revisar la euroorden ante el volquete de evidencias que los fiscales han puesto sobre la mesa del tribunal.

Con la complicidad de la trama civil del golpe al Estado español (básicamente, la ANC), mantiene el pulso con el Gobierno Rajoy, pero cada vez tiene menos agua en la piscina. Y el farol, en todo caso, caduca dentro de una semana. El 14 de mayo es la fecha decidida por el propio ‘expresident’ y sus costaleros, reunidos el sábado pasado en Berlín.

Con la complicidad de la trama civil del golpe al Estado español, mantiene el pulso con el Gobierno Rajoy, pero cada vez hay menos agua en la piscina

Aunque en el entorno de Puigdemont las decisiones salen de una sorprendente piñata, sería ese lunes, el próximo, cuando la jefa de filas de JxCAT, Elsa Artadi, daría al presidente del ‘Parlament’, Roger Torrent, el nombre de un candidato viable (sin mochila judicial), encargado de formar Govern y volver a la política de las cosas.

Esa previsión se basa en dos hechos objetivos: uno, la declaración pública del portavoz adjunto de JxCAT, Eduard Pujol, anunciando que su grupo no forzará la desobediencia de la Mesa del Parlament cuando el Tribunal Constitucional impida la investidura a distancia de Puigdemont. El alto tribunal se reúne mañana y parece cantado que, con efectos paralizantes, admitirá el recurso del Gobierno contra la reciente reforma de la Ley de Presidencia de la Generalitat, aprobada con los votos de los independentistas del Parlament.

Y otro, el generalizado rechazo del independentismo a una nueva convocatoria de elecciones si no hay candidato viable antes del 22 de mayo. Incluso los socios de ANC, la principal organización ciudadana del soberanismo catalán, consultados al efecto a finales de la semana pasada, se han decantado por evitarlas, aunque el TC impida la investidura telemática de Puigdemont, y la de Jordi Sànchez en su caso, si vuelve a intentarse.

Pero nunca se sabe. El aparente y amarillo cierre de filas en torno al ‘nostre president’ ya tuvo su dramático contrapunto a finales de enero, cuando el bloque independentista se rompió por arriba y se hicieron desesperados llamamientos a la unidad desde Bruselas. La brecha entre la ERC de Oriol Junqueras y los costaleros de Puigdemont sigue larvada y puede ponerse de nuevo a prueba ante la eventual celebración de un pleno fraudulento para la investidura telemática de Puigdemont.

La brecha entre la ERC de Oriol Junqueras y los costaleros de Puigdemont sigue larvada

El pleno de aquel 30 de enero también fue prohibido y Roger Torrent, so pena de ser procesado, tuvo que elegir entre obedecer al TC o renunciar al cargo. No tenía otra. Y eligió lo primero por no incurrir en ningún supuesto delictivo. Optó por ‘aplazar’ el pleno, lo que puso de los nervios a los diputados de JxCAT más afines a Puigdemont, que habían contado con el desacato a las medidas cautelares del alto tribunal.

Se va a repetir la situación, porque lo que es bueno para Torrent no es bueno para Puigdemont. Y aquel no parece dispuesto a desobedecer al TC, con las consecuencias penales de las que ha sido advertido. ¿A la cárcel solo por alimentar el narcisismo de Puigdemont? No lo creo.

Al Grano

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