El desahogo de un socialista cabal

Conviene recordar el pensamiento de Alfonso Guerra cuando en el Congreso se estaba alumbrando el Estatut. No era precisamente el de un jacobino

Foto: El exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra. (EFE)
El exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra. (EFE)

Una respetable figura del socialismo español se ha visto obligada a reivindicar el patriotismo de la igualdad y la solidaridad por encima del patriotismo identitario que, inexplicablemente, ha descolocado a una parte de la izquierda.

El exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra hace un llamamiento para que los progresistas se reconozcan sin complejos en los símbolos nacionales. Sobre todo en Cataluña, donde una izquierda seducida por el nacionalismo (“socialistas, comunistas y sindicatos”, dice) ha disparado la facturación electoral de Ciudadanos.

Lamenta Guerra que la izquierda haya dejado el campo libre a una fuerza conservadora por no cubrir la demanda de españolismo en al menos la mitad de la población. Y en referencia al partido de Albert Rivera, señala que no solo ha ganado allí sino que va a ser premiado en todo el territorio nacional “por haber defendido un discurso español en Cataluña”.

En agosto de 1979, Guerra habló de la “leal y noble” contribución socialista a “esa necesaria aspiración de identidad nacional de los catalanes”

Antes de que los agitadores del golpe al Estado le cuelguen el mismo sambenito que a Serrat, conviene recordar el pensamiento del ex número dos de Felipe González cuando en el Congreso de Diputados se estaba alumbrando el Estatuto de Autonomía de Cataluña. No era precisamente el de un jacobino.

Por el diario de sesiones del 13 de agosto de 1979 sabemos que, en defensa de la concepción federal del Estado, propia del PSOE de antes y el de ahora, Guerra hablaba de la “leal y noble” contribución socialista a “esa necesaria aspiración de identidad nacional de los catalanes”.

El desahogo de un socialista cabal

Contaba con que su apoyo sería correspondido por la aceptación “leal y noble” por parte del nacionalismo de aquel generoso reconocimiento. Por supuesto, en un marco común y diverso: “España como conjunto de nacionalidades y regiones organizadas jurídicamente en un Estado de autonomías constitucionalmente garantizadas”. Así describió, en la misma sesión parlamentaria, lo que, casi 40 años después, la deslealtad del nacionalismo pretende reventar unilateralmente.

La deslealtad de los hacedores del ‘procés' motiva el patriótico desahogo del veterano dirigente. Un aldabonazo en la arquitectura moral de la izquierda, rematado con alusiones a la “España de la infamia”. La que se moviliza a favor de quienes apalean a guardias civiles de paisano en Navarra y humillan a sus hijos en Cataluña. La que grita “gora Euskadi” o “visca Catalunya”, pero llama facha a quien grita “viva España”.

El gol de Iniesta, en el Mundial de 2010, democratizó el “yo soy español, español, español” al margen de alineamientos políticos

Estamos ante el lúcido desahogo de un socialista cabal. Debería ser de difusión obligatoria. Especialmente en las agrupaciones del PSOE. Un llamamiento dirigido a quienes todavía relacionan los símbolos nacionales con el franquismo. Una indebida utilización achacable posteriormente a la extrema derecha integrada en la Alianza Popular de Fraga y luego en el PP de Aznar.

Así hasta el gol de Iniesta (Mundial de 2010), que democratizó el desacomplejado “yo soy español, español, español” por encima de alineamientos políticos. Un punto de inflexión, a partir del cual declinó la tendencia a identificar los símbolos nacionales con la extrema derecha. Esos recelos se perdieron en la polvareda del tiempo. Y no hay razón para que la izquierda los perpetúe. Los símbolos son de todos. Excepto de quienes tratan de imponer los suyos de una forma excluyente.

Al Grano

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