Sánchez choca con el frente presupuestario

Tres desenlaces para Sánchez: 1) gana y se instala en Moncloa; 2) pierde pero se refuerza como alternativa; 3) pierde tras sufrir un revolcón

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

La moción de censura se juega hoy en el Congreso con un alto grado de contaminación informativa e insoportable tacticismo de las fuerzas políticas. Así que se imponen las apuestas y decaen los razonamientos.

Hagan juego echando la vista atrás. Nos lo enseña la memoria de las tres mociones de censura presentadas en nuestra reciente historia. Y otros tantos desenlaces posibles ante la cuarta, presentada por Sánchez contra Rajoy.

Uno, la gana aritméticamente y se convierte en presidente del Gobierno (no hay precedentes). Dos, la pierde pero se lanza al estrellato y se refuerza como alternativa (Felipe González, 1980). Y tres, la pierde tras sufrir un revolcón parlamentario frente a un adversario temible y su liderazgo se debilita (Mancha en 1987 y Pablo M. Iglesias en 2017).

Tres posibilidades abiertas. Solo cabe procesar las intenciones de los actores y conjugarlas con la aritmética parlamentaria. En el bien entendido de que, por supuesto, lo que les motiva es el cálculo electoral. No los miramientos éticos por la archisabida corrupción del PP que, como dosis de recuerdo, ha sido descrita en una sentencia judicial pendiente de recurso.

Sánchez necesita 176 votos. En teoría, su poder de alistamiento alcanza solamente a los 175 diputados (la órbita de Podemos y la nacionalista junto al PSOE), que formaron el frente de rechazo a los PGE. Por tanto, ha de pescar en el caladero contrario donde, además del PP, se instalan Ciudadanos y PNV.

Y esa es la pregunta del millón: ¿tendrá el líder socialista el tirón suficiente para romper el frente presupuestario? Lo dudo, porque choca con las legítimas aspiraciones de un partido, Ciudadanos, con serias posibilidades de ganar las elecciones generales. ¿Por qué Rivera habría de alfombrar el atajo de Sánchez hacia La Moncloa?

El PNV no puede, no debe, no quiere correr el riesgo de que el PP tumbe en el Senado sus nutritivas enmiendas a los PGE

Y en cuanto al PNV, no puede jugarse de la noche a la mañana lo conseguido a cambio de su apoyo a unos PGE cuya aprobación definitiva depende de la mayoría absoluta del PP en el Senado. No puede, no debe y no se sabe si quiere correr el riesgo de que el PP tumbe en el Senado las nutritivas enmiendas del PNV. ¿Cómo apostar al mismo tiempo por la estabilidad (PGE), que viene a ser una cuestión de confianza ganada por Rajoy, y la inestabilidad (caída del Gobierno)?

No tendría sentido. Y, además, ha quedado desactivado el 155 en Cataluña, desapareciendo así el motivo para castigar a Rajoy. La probable abstención de sus cinco diputados en la votación de mañana sería suficiente para impedir que Sánchez obtenga la preceptiva mayoría absoluta de 176 diputados, habida cuenta del seguro no de Ciudadanos a Sánchez. Hagan lo que hagan los nacionalistas catalanes y los dos de Bildu.

El estrés político crea incertidumbre e inestabilidad. Dos factores tóxicos que refuerzan el separatismo y avivan la desconfianza en la economía

Atentos a lo que ocurra en el hemiciclo y no tanto a las fantásticas hipótesis de las ultimas horas sobre las intenciones de unos y otros. Más madera. Si el estrés fuera salud, el aquí y ahora de la política nacional tendría garantizada una larga vida. Pero no es el caso cuando viene regida por el cortoplacismo.

Lo único que garantiza el estrés es incertidumbre e inestabilidad. Dos factores tóxicos que refuerzan las posiciones del separatismo catalán contra un Estado a la defensiva y avivan la desconfianza de los mercados en la economía española.

Las dudas viajan en los nubarrones que sobrevuelan el agitado ambiente político del país. Con solo 84 diputados, la dependencia aritmética de populistas y separatistas y unos PGE prácticamente aprobados (salvo que los reviente el PP en el Senado si Rajoy cae mañana en el Congreso), no parecía el mejor momento para que “un partido de Estado”, según recientísima verbalización de Sánchez, haya decidido tomar un atajo hacia el poder.

Al Grano

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