Señas de identidad del Gobierno Sánchez

Su equipo nace fuerte en intención política y débil en musculatura parlamentaria

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la comparecencia en la que ha anunciado la composición de su Ejecutivo. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la comparecencia en la que ha anunciado la composición de su Ejecutivo. (EFE)

Socialismo, feminismo, europeismo, e inequívoco compromiso con la Constitución española frente a quienes le han declarado la guerra (política, se entiende). Esas son las señas de identidad del Gobierno Sánchez que acaba de nacer. Pendientes de confirmación. A la espera de que los hechos retiren las palabras en materia de crecimiento económico, lucha contra la desigualdad y regeneración democrática.

Respetemos al menos los clásicos 100 primeros días. Los merece el nuevo presidente. No procede ahora elevar a definitivas las conclusiones sugeridas por la composición del equipo formado por 11 ministras y seis ministros. Salvo las dos barandillas en las que piensa apoyarse durante la marcha.

Señas de identidad del Gobierno Sánchez

Una, el acatamiento de la disciplina fiscal impuesto por Bruselas. Queda sobradamente acreditado en el nombramiento de Nadia Calviño, hasta ahora directora general de Presupuestos de la UE, como responsable de Economía. Y otra, la defensa del Estado de derecho frente a los planes sediciosos del nacionalismo catalán, sin renunciar al diálogo que pueda reconducir el conflicto sin desbordar los marcos legales. Y no se desbordarán con Margarita Robles, Grande-Marlaska y Borrell en el equipo. Un seguro de respeto a la legalidad, una verdadera garantía.

En todo lo demás, las tareas de Sánchez tenderán a distinguirse de un Gobierno que, según él, estaba “paralizado y amenazaba con paralizar el país”, “vacío de ideas y lleno de corrupción”, dice. Pero, sobre todo, deberá centrarse en recuperar el favor perdido de sus electores naturales, distanciados del PSOE desde que en mayo de 2010 Zapatero rompió con ellos.

Respetemos los 100 días de gracia. Los merece el nuevo presidente. No procede elevar a definitivas las conclusiones por la composición del equipo

El desaliento de la militancia y la espantada de los votantes no han dejado de crecer desde entonces: 110 diputados en 2011, 90 en 2015 y 84 en 2016. En paralelo, los gobiernos del PP aderezaban una salida de la crisis basada en la devaluación salarial, los recortes en el Estado del bienestar y el olvido del I+D+i, con resultados incompatibles con el pensar y el sentir de la izquierda.

A saber: precariedad laboral, aumento de las desigualdades, abandono de la dependencia (cuarto pilar) y empobrecimiento de la clase media. Carmen Calvo (Igualdad), Magdalena Valerio (Trabajo) y el ingeniero Duque (Ciencia) son los llamados a abordar esas y otras asignaturas pendientes de la política nacional. Sin olvidar los temas referidos a libertades y derechos civiles, que Sánchez cree afectados en la llamada ley mordaza, o las malas prácticas de RTVE.

El Gobierno deberá centrarse en recuperar el favor perdido de los votantes naturales del PSOE desde que en mayo de 2010 Zapatero rompió con ellos

Es el tajo para un Gobierno que nace fuerte en intención política y débil en musculatura parlamentaria. Cuando Pablo M. Iglesias recuerda a Sánchez que mejor gobernar sobre 156 diputados (suma de PSOE y Podemos) que sobre 84 (monocolor, como es el caso), el toque es conminatorio, aunque no lo parezca. Y cuando la portavoz de la Generalitat, Elsa Artadi, dice que el diálogo es para determinar el carácter pactado o unilateral de la desconexión con España, hay que ponerse en guardia. Antes o después, como los nacionalistas sumados a la ejecución de Rajoy, querrán pasarle factura a Sánchez. Lo harán si el nuevo Gobierno no acierta a complacerlos simultáneamente.

¿Hasta cuándo podrá tomar decisiones que no molesten a unos o a otros? Son factores de debilidad fundacional, junto al hecho, también muy vivo, de un PP resentido que conserva una mayoría relativa en el Congreso y absoluta en el Senado, amén del control de la Mesa del Congreso si se une a Podemos frente al enemigo común.

Al Grano

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