Joven, alto y guapo que habla inglés

Las odiosas comparaciones galopan sobre el consabido poder de la imagen y, en ese sentido, también sobre el hasta ahora discreto trabajo de un joven politólogo, Ivan Redondo

Foto: Sánchez subraya que su gobierno estará abierto al diálogo y al consenso
Sánchez subraya que su gobierno estará abierto al diálogo y al consenso

Una periodista extranjera habla en la radio de una “cierta fascinación en la prensa internacional” por la figura del nuevo presidente del Gobierno. Joven, moderno, alto y guapo, que habla inglés y ha decidido dejarse aconsejar en cuestiones de ‘look’.

Las odiosas comparaciones (odiosas para el que sale perdiendo, claro) galopan sobre el consabido poder de la imagen y, en ese sentido, también sobre el hasta ahora discreto trabajo de un joven politólogo, Iván Redondo (San Sebastián, 1981), que el jueves salió de la sombra. Redondo ya figura en el BOE como jefe del Gabinete del Presidente. Es el hombre que guía oficialmente a Pedro Sánchez como antes guió a García Albiol y a José Antonio Monago, dirigentes del PP en Cataluña y Extremadura respectivamente. Algo que suscita recelos de quienes lo ven como un personaje ajeno al socialismo.

Pero lo cierto es que Sánchez ahora, como antes Monago y Albiol, han aprendido del politólogo de moda que no hay política sin 'marketing', que la transversalidad cotiza más alto que la ideología, que el rigor o el trabajo bien hecho en realidad no son las fuentes de la credibilidad, que las urnas prefieren los gestos a los argumentarios de partido y que una imagen vale más que mil palabras.

Por eso ahora, con el estreno del nuevo Gobierno se habla poco de lo que Sánchez piensa hacer realmente para devolver la esperanza al desalentado votante del PSOE. O de cómo va a afrontar los desestabilizadores ataques de contrariedad que van a sufrir quienes se unieron voluntariamente al pelotón de fusilamiento contra Rajoy (político, se entiende, no vayamos a liarla) pero antes o después acabarán pasando factura.

Iván Redondo (i), nuevo director de Gabinete de Sánchez, con el dirigente socialista Paco Salazar. (EFE)
Iván Redondo (i), nuevo director de Gabinete de Sánchez, con el dirigente socialista Paco Salazar. (EFE)

Unos quieren poder. “¿Tan pronto ha olvidado Sánchez quien le ha hecho presidente?”, se pregunta Iglesias Turrión. Y otros quieren pactar la desconexión de la España constitucional. “Unilateral o pactada”, en palabras de Elsa Artadi, número dos de Torra en el ‘govern’, convencidos ambos de que la marcha hacia la república independiente de Cataluña es imparable.

Mientras tanto, de lo que se habla es de las tomas de posesión sin biblias ni crucifijos, del saldo favorable en el número de mujeres sobre el de hombres en el Consejo de Ministras y Ministros, y del rojo sindicado en la indumentaria de ellas para la primera foto de familia frente al Palacio de la Moncloa.

Mientras tanto, de lo que se habla es de las tomas de posesión sin biblias ni crucifijos, del saldo favorable en el número de mujeres

La primera decisión de efectos contantes y sonantes del nuevo Gobierno ha sido la retirada del control previo de los gastos de la Generalitat. Ha saltado a los circuitos políticos y mediáticos como “un gesto”. Todo el mundo habla de ello como un gesto del Gobierno que visualiza su voluntad de diálogo. Verificado queda en la conversación telefónica de Sanchez y Torra para verse lo antes posible.

Lo que nadie sabe todavía es lo que hay detrás de ese y otros ‘gestos’ ante quienes, populistas y secesionistas, le han lanzado al estrellato. Son los mismos que le pueden retirar la peana en cualquier momento. Y de ahí la enorme fragilidad del Gobierno que acaba de nacer.

Al Grano

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