Sánchez, ayer humanitario, hoy justiciero

No ha sido una dimisión sino un cese. Ha sido fulminado en horas ante la fiabilidad del mensajero (El Confidencial) sobre las trampas fiscales del ya exministro

Foto: El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, preside el primer Consejo de Ministros de su gabinete. (EFE)
El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, preside el primer Consejo de Ministros de su gabinete. (EFE)

Màxim Huerta y el Aquarius lanzan al estrellato al presidente del Gobierno. Por humanitario en un caso y por justiciero en otro, está a punto de tocar el cielo. Como los alquimistas que convierten en oro los metales innobles, Pedro Sánchez se ha hecho una capa de armiño con la deshumanización de Europa y la cara dura de su efímero ministro de Cultura.

Se equivocan quienes ponen en el debe del nuevo Gobierno la dimisión de Màxim Huerta por un borrón en su historial. Primero, porque no ha sido una dimisión sino un cese. Ha sido fulminado en horas ante la fiabilidad del mensajero (El Confidencial) sobre las trampas fiscales del ministro. Y segundo, porque al menos de momento y en asuntos relacionados con la inmoralidad pública, el gobernante no se desmiente a sí mismo.

Sánchez había declarado en la tele (febrero de 2015) que echaría “de inmediato” a cualquier colaborador suyo con una empresa interpuesta para pagar menos impuestos. Bingo. Con el agravante de un intangible, comparable a la “falta de credibilidad” atribuida al expresidente Rajoy en una sentencia judicial. Hablo de la “mala fe” detectada por los inspectores en un contribuyente que endosaba a la sociedad gastos ficticios y el mantenimiento de su apartamento en la playa.

Huerta se despidió en una comparecencia sin preguntas. Por suerte para Sánchez. Dos palabras más de victimismo y hubiera hundido al Gobierno

Sobre ese tipo de trampas nunca hubo cambio de criterio en el Ministerio de Hacienda, señor Huerta. Esa fue su pobre coartada en la comparecencia del adiós. Corta y sin preguntas. Por suerte para Sánchez. Dos palabras más de victimismo frente a los amigos del “ruido” y la “desinformación interesada” hubieran hundido al nuevo Gobierno socialista. Cinco minutos más de discurso contra los enemigos de “la cultura y la transparencia” hubieran sembrado el camino de pistas sobre la torpeza de Pedro Sánchez en la caza de talentos.

Sánchez, ayer humanitario, hoy justiciero

Ni una semana de gloria para el innecesario descubrimiento del presidente. En la fauna creativa del gran Cuco Cerecedo, el ya exministro de Cultura habría encajado en el grupo de aves de vuelo corto y escasa elevación. Como el pavo. Tiempo suficiente para rendirse de amor ante los héroes y heroínas del deporte antes denostado. Y declarar que “la cultura no es de bandos”. Tampoco van de bandos los borrones de un historial con dos sentencias judiciales por fraude y ánimo de engañar al fisco.

Pero, eso sí, nos ha hecho la caridad de subir en caso práctico el listón de la ejemplaridad que verbalmente ya había comprometido Sánchez ante casos de otros bandos, como el de Juan Carlos Monedero (Podemos) y el de José Manuel Soria (exministro de Rajoy). Y nos ha refrescado la memoria sobre el pecado de la insolidaridad por eludir la obligación de pagar impuestos en una progresiva distribución de cargas.

Ni una semana de gloria. En la fauna creativa del gran Cuco Cerecedo, Huerta habría encajado en el grupo de aves de vuelo corto y escasa elevación

El fraude fiscal también es una forma de meter la mano en la caja común. “¿Qué nación hay en el mundo donde con tanto descaro se saqueen los fondos del Estado?”, se preguntaba Lucas Mallada a finales del siglo XIX mirando a España. El malestar social por estos casos crece si quienes son pillados en falta, empezando por el PP, beneficiario “a titulo lucrativo” en el caso Gürtel, atacan al mensajero y se sienten víctimas de una conjura.

Màxim Huerta tuvo ayer la desvergüenza de decir que detrás de su caso había un intento de impedir los anhelos regeneradores del nuevo Gobierno socialista. Espero que el argumento de autoridad para acreditarlo no sea el cínico discurso desplegado ayer en su, afortunadamente, breve comparecencia pública.

Al Grano

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