La insidiosa carta de los tres tenores

La carta firmada por Mas, Torra y Puigdemont no tiene desperdicio. Se propone un diálogo en el que, de entrada, una parte acusa a la otra de ejercer ‘violencia’ y 'persecución'

Foto: Quim Torra y Carles Puigdemont. (EFE)
Quim Torra y Carles Puigdemont. (EFE)

La palabra es ‘distensión’. No se le cae de la boca al expresidente de la Generalitat, Artur Mas, que se ha hecho el encontradizo con la prensa ‘española’. La distensión "como condición necesaria y paso previo a un eventual diálogo del soberanismo catalán con el Estado", según dijo el domingo pasado en La Sexta.

Si le preguntan por la salida al conflicto, dirá que por ahora "no hay solución". De modo que, mirando a Moncloa y Zarzuela, hace un llamamiento a distender el ambiente (él dice ’distendir’). Cree que puede lograrse si desde Madrid se corresponde al gesto de buena voluntad que, según él, ya hizo Puigdemont nombrando a un candidato ‘viable’, Quim Torra, para hacerle la suplencia en la presidencia de la Generalitat.

Acabáramos. Resulta que Carles Puigdemont, que para un amplio sector del soberanismo sigue siendo el único ‘president’, fue muy generoso con el Estado al permitir un candidato que normalizase la situación (Quim Torra), "aunque podía no haberlo hecho" (sic), y eso merece un gesto del Estado. ¿Cuál? Que el Rey se disculpe por su discurso del 3 de octubre y apadrine el diálogo.

La insidiosa pretensión de que Felipe VI ejerza de mediador entre el Reino de España y una determinada facción política se contiene en la carta enviada a Zarzuela con la firma de Mas, Puigdemont y Torra. Destinatario equivocado. Como es lógico, la carta ha sido reenviada al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, responsable institucional en la clase de asuntos expuestos en la carta de los tres tenores del separatismo catalán.

La carta no tiene desperdicio. Se propone un diálogo en el que, de entrada, una parte acusa a la otra de ejercer ‘violencia’, ‘represión’ y ‘persecución’. Aunque, en aras de explorar una posible salida al conflicto, el presidente del Gobierno quisiera refrendar una hipotética mediación del Rey en virtud del articulo 64 de la CE, ¿cómo podrían hacerlo, el uno y el otro, a partir de una carta en que una parte empieza insultando a la otra?

¿Tan difícil es entender que el Rey recuerde a los poderes del Estado su deber de garantizar el orden constitucional si resulta amenazado?


Nos hacemos una idea de cómo puede sentirse Felipe VI, que ejerce la más alta representación del Estado, cuando en el fulero discurso secesionista cumplir la ley se asimila al atropello de la democracia y los derechos civiles. De paso, piden que se explique sobre su alocución del 3 de octubre. ¿Tan difícil es entender que el Rey recuerde a los poderes del Estado su deber de garantizar el orden constitucional si resulta amenazado?

Basta un pequeño esfuerzo reactivo frente a los marcos mentales del soberanismo para desviar la carga de la prueba hacia los firmantes de la carta. Son los agitadores del golpe al Estado (declaración de la república independiente de Cataluña) los que deberían explicar a los catalanes (a todos) y al resto de españoles el porqué y el para qué de su golpe al Estado en que reside la fuente del autogobierno de Cataluña.

Es evidente que juegan bien sus cartas. Pero es una trampa para osos hacer creer que, obviando el derecho del Estado a la legítima defensa, se le quiera achicar en una hipotética negociación. Es de aurora boreal engañar a la opinión publica haciéndole creer que el Rey puede implicarse en la solución del conflicto mediando entre dos interlocutores tan heterogéneos.

Es de aurora boreal engañar a la opinión publica haciéndole creer que el Rey puede implicarse en la solución del conflicto catalán

La carta de los tres tenores pone a prueba la condición de ‘hombre de Estado’ de Pedro Sánchez. Ahora tiene ocasión de demostrarlo, a riesgo de perder el favor de los nacionalistas en el Congreso. La prueba del nueve, mañana, en Tarragona, donde concidirá con el Rey y, probablemente, con Torra, en la inauguración de los Juegos del Mediterráneo. Salvo que, como algunos correligionarios le aconsejan, el ‘president’ los deje plantados si antes no hay gestos para la distensión.

Al Grano

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