Sánchez: el PSOE y el Estado te llaman

Con la llegada de Pedro Sánchez al Palacio de la Moncloa, algunas hojas nuevas le han salido al olmo centenario del PSOE. Están o estarán pronto en el BOE

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Bruselas. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Bruselas. (EFE)

Para muchos socialistas ha sido como un machadiano milagro de la primavera. Con la llegada de Pedro Sánchez al Palacio de la Moncloa, algunas hojas nuevas le han salido al olmo centenario del PSOE. Están o estarán pronto en el BOE.

A saber: contra la pobreza infantil, por la revalorización salarial, un salvavidas a las víctimas del hambre o la represión, guerra a la explotación laboral, razón práctica sobre el Valle de los Caídos, fuera la ‘ley mordaza’, no a políticas de alambrada y devolución en caliente en el sur, mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas, derecho a una muerte digna, etc.

Pero como residente institucional en Moncloa, el dirigente socialista lleva el ropaje del “hombre de Estado” que dice ser. Y eso supone, por ejemplo, vocación de parar los pies, si llega el caso, tanto a populistas españoles como a nacionalistas catalanes, enemigos declarados del régimen de 1978. ‘Abominable’ o ‘franquista’, según dicen los costaleros del séptimo presidente del Gobierno de dicho régimen.

Como residente institucional en Moncloa, el dirigente socialista lleva el ropaje del "hombre de Estado" que dice ser

Sobre la política nacional planea un tóxico quinielismo acerca del precio por la fumata blanca del presidente. Y desde las filas del constitucionalismo (PP y Ciudadanos) se le acusa de gobernar a golpes de efecto por complacer a denunciantes del “centralismo monárquico” (Podemos) y del Estado ‘represor y demofóbico’ (nacionalismo catalán).

Vamos a lo último en materia de gestos. Más allá de la obligada distinción entre el humanitario salvamento de vidas y un eficaz control de fronteras. Mientras en el desembarco valenciano de del ‘Aquarius’ casi podía equipararse el numero de periodistas con el de los migrantes, el hacinamiento en la comisaría de Motril y los centros de internamiento del sur era insoportable.

Pedro Sánchez en Moncloa. (Reuters)
Pedro Sánchez en Moncloa. (Reuters)

Son hechos contantes y sonantes de mal acomodo mental. Pero también hay intangibles que ponen a prueba la condición institucional de Sánchez, superpuesta a la líder del PSOE. En la memoria reciente está la postura fijada por el Gobierno sobre la excarcelación provisional de los cinco cafres de La Manada. Dijo la ministra portavoz, Isabel Celáa, que “el Gobierno se siente obligado a proteger a las mujeres”. Y algunos pensamos que debería haber fijado un similar grado de compromiso con el trabajo de los jueces, aunque solo hubiera sido por un elemental principio de cooperación entre instituciones.

Ejercer como hombre de Estado también es pararles los pies a quienes aspiran indisimuladamente a reventarlo. En este punto las dudas y la confianza andan a la par respecto a los planes de Pedro Sánchez ante el conflicto catalán.

Ejercer como hombre de Estado también es pararles los pies a quienes aspiran indisimuladamente a reventarlo

Todavía estamos en la primera jugada. La de los ‘gestos’. Están dictados por la voluntad de deshielo, ampliamente divulgada estos últimos días por el presidente y los ministros más concernidos, mientras el soberanismo aprovechaba las hogueras de San Juan y la inauguración de los Juegos del Mediterráneo para insistir en sus elaboradas ofensas a los símbolos del Estado. Incluida la figura de su más alta representación, Felipe VI, al que no perdonan su firme defensa del orden constitucional ¿Acaso contaban con que apoyase el desorden?

Lo verificable es que a la política de distensión se responde con la política de desconexión. Y así será muy difícil, y en su caso muy arriesgado para la supervivencia de Sánchez, que Moncloa mantenga la esperanza de que el soberanismo asuma los marcos legales y renuncie a la unilateralidad. Si no acaba estrellándose en las urnas frente a un eventual reame del constitucionalismo, no se conseguirá con ‘gestos’ y música de violines a lo largo de la próxima década, que es el plazo calculado por Sánchez para reconducir el conflicto ‘con esfuerzo y generosidad por ambas partes’.

Al Grano

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