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El deshielo de Sánchez y la sardana de Waterloo
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Antonio Casado

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El deshielo de Sánchez y la sardana de Waterloo

El soberanismo necesita la bilateralidad de los iguales para seguir vivo. Nadie se atreve a desairarlo con objeciones semánticas mientras la democracia siga secuestrada en Cataluña

Foto: Carles Puigdemont, en su discurso en Waterloo. (EFE)
Carles Puigdemont, en su discurso en Waterloo. (EFE)

Acompañado en Waterloo por Quim Torra, que le hace la suplencia en Barcelona, el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont recuerda a Pedro Sánchez que los votos soberanistas tienen un precio: pasar de las palabras a los hechos respecto al ejercicio del derecho de autodeterminación.

La oportunidad anida en uno de los 13 puntos a tratar por la comisión bilateral Estado-Generalitat. Se reúne pasado mañana por primera vez en siete años. Con trampa. ¿Es que la Generalitat no es Estado? Sí, pero el soberanismo necesita la bilateralidad de los iguales para seguir vivo. Nadie se atreve a desairarlo con objeciones semánticas mientras la democracia siga secuestrada en Cataluña. Ha tomado de rehén a una institución del Estado, hasta que el Estado acuda a rescatarla. Lo hizo en octubre de 2017. Y puede volver a hacerlo si no lo evita un nuevo dictamen de las urnas o la fractura del soberanismo, porque ERC y parte del PDeCAT no bailan la sardana de Waterloo.

El secuestro de la democracia se percibe en el uso partidista de los espacios públicos (solo adictos a la causa) y la imposición de una verdad incuestionable: la Cataluña una, grande y libre, como lo era la España franquista. So pena de ser un proscrito.

El secuestro de la democracia se percibe en el uso partidista de los espacios públicos y la imposición de una verdad: la Cataluña una, grande y libre

En cuanto a la posibilidad de rescatar a la Generalitat si de dan pasos 'efectivos' hacia la republica catalana (“Es lo que toca”, según Quim Torra), el nuevo líder del PP vuelve a poner el asunto sobre la mesa. Dice Pablo Casado que si Moncloa sigue cediendo al chantaje, utilizará la mayoría absoluta del PP en el Senado para recabar la aplicación del artículo 155. De momento, solo es una forma de esparcir la duda, con el propósito de capitalizarla en favor de su partido, cuya prioridad es recuperar los tres millones de votantes seducidos por Ciudadanos.

La pedrada contra el Gobierno es injusta. Esa música de violines en el diálogo con la Generalitat y los dirigentes soberanistas solo ha servido de banda sonora a una política de gestos. De ahí no ha pasado. No hay señales de claudicación respecto a los objetivos de fondo, cuya puesta en práctica atentaría contra las reglas de la democracia, empezando por la del respeto a la legalidad. Y así lo ratificó este fin de semana el ministro Ábalos, en el que se desdobla el pensamiento de Sánchez: respeto a la legalidad como condición necesaria del diálogo.

Podría parecer concesión el asentimiento al carácter 'político' del conflicto catalán, uno de los mantras favoritos de los 'indepes'. Lo incorporan con agradecido entusiasmo a su discurso. Como si la causa hubiera dado un paso de gigante con el deshielo. Como si política taponase la Justicia o diera licencia para incumplir las leyes y vulnerar el orden constitucional.

El deshielo se pone a prueba en la reunión del miércoles, con la ministra Batet y varios secretarios de Estado frente a una delegación de la Generalitat

El deshielo se pone a prueba en la reunión del miércoles, con la ministra Batet y varios secretarios de Estado frente a una delegación de la Generalitat con el consejero Maragall y otros altos cargos del Govern. Se trata de “que el Govern eche a andar” (ministra Robles 'dixit') en la política de las cosas, aunque no va a faltar lo identitario. Un punto del orden del día versará sobre un eventual referéndum de autodeterminación pactado. Expresado de este modo: “Vías de participación de los catalanes para decidir su futuro político”.

Vías pactadas, claro. O sea, de nuevo la absurda pretensión de los soberanistas de que el Gobierno del Estado les eche una mano para caminar hacia la desconexión con España. En conminatoria coincidencia con un compás de la sardana de Waterloo mirando a Moncloa: “Se terminó el periodo de gracia”. De fondo, el discurso de que el autonomismo se quedó atrás y el deshielo es para negociar la desconexión. Pero el Gobierno no puede desbordar el autonomismo y no tiene otro margen negociador que el de hallar un mejor encaje de Cataluña en el Estado.

Ahí sigue la nube negra, como el dinosaurio de Monterroso.

Acompañado en Waterloo por Quim Torra, que le hace la suplencia en Barcelona, el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont recuerda a Pedro Sánchez que los votos soberanistas tienen un precio: pasar de las palabras a los hechos respecto al ejercicio del derecho de autodeterminación.

Quim Torra Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) Carles Puigdemont Pedro Sánchez