La fiebre amarilla y otras aberraciones

Una de las dos grandes aberraciones instaladas en el debate es que los dirigentes de Ciudadanos acusen al PP de haber asumido el discurso separatista

Foto: Grupos de ciudadanos catalanes retiran lazos amarillos en Barcelona. (EFE)
Grupos de ciudadanos catalanes retiran lazos amarillos en Barcelona. (EFE)

Volví este verano a la Tivissa (Tarragona) de mis amores. El reencuentro con la 'colla' fue emocionante. Pero, después de los abrazos, se me ocurrió celebrar mi resistencia al contagio de la fiebre amarilla, a diferencia del fundacional y compartido grito de 'Llibertat, amnistia i estatut d`autonomia' de los viejos tiempos. Ahí me cayeron las siete plagas. Lo tomaron como una falta de respeto y uno de mis mejores amigos me replicó: “Antonio, ¿qué te han hecho en España?”.

Es mi pesadumbre particular en una vuelta al cole marcada por la guerra de los lazos y el absurdo cruce de reproches entre los partidos constitucionalistas respecto al modo de tratar los choques entre quienes los ponen y quienes los quitan (los lazos, no los reproches). Más que absurdo, aberrante. Tanto como lamentar que un leonés nacido a la sombra del Monasterio de Ageo se haya contaminado de españolismo. De locos.

Una de las dos grandes aberraciones instaladas en el debate es que los dirigentes de Ciudadanos acusen al PP de haber asumido el discurso separatista, mientras ambos difunden la maliciosa sospecha de que Pedro Sánchez es un amigo en la sombra del secesionismo catalán.

La otra es que un personaje menor como Quim Torra, encantado de ejercer una suplencia en el Palacio de la Generalitat, vaya por la vida política proclamando su exclusivo sometimiento a la voluntad del 'pueblo de Cataluña', con insidiosa y deliberada ignorancia de la legislación vigente y la fuente de poder a la que él mismo debe su legitimidad.

Todos al psiquiatra, oiga. O al curandero. O a la monja Caram, que también sufre los tics franquistas del Estado español

Todos al psiquiatra, oiga. O al curandero. O a la monja Caram, que también sufre los tics franquistas del Estado español, como Puigdemont, el ausente, enfermo de narcisismo. En la Cataluña amarillenta ha sonado la hora de los farsantes, los charlatanes y mentirosos. Dignos continuadores de aquel archivero de la Corona de Aragón, Próspero de Bofarul, que a mediados del siglo XIX manipuló unos documentos medievales para inventarse una corona catalano-aragonesa que nunca existió.

'Ergo', hijos de la razón, abstenerse. Sus justas apelaciones al cumplimiento de la ley y su aversión a la unilateralidad son machadianos mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón. La razón sigue confiscada por los agitadores del pensamiento único y los fascistas que acusan de fascistas a quienes no marcan el paso alegre hacia la Cataluña como unidad de destino en lo universal.

La razón sigue confiscada por los fascistas que acusan de fascistas a quienes no marcan el paso a Cataluña como unidad de destino en lo universal

Esa misma que, en fase de precalentamiento ante las gloriosas jornadas del 11-S y el 1-O, mañana mismo volverá a proponer Quim Torra (conferencia en el TNC, 19:00, con anunciadas llamadas a la movilización popular por la republica catalana y la excarcelación de dirigentes nacionalistas).

Nada que ver con aquel 'Memorial de greugues' (memorial de agravios) entregado por los catalanistas de 1885 al Rey de España, en el que se denunciaba el centralismo madrileño, aunque “no tenemos, señor, la pretensión de debilitar, ni mucho menos atacar, la gloriosa unidad de la patria española. Antes al contrario, deseamos fortificarla y consolidarla”.

Al Grano

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