Los Sánchez quisieron ser reyes por un día
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Antonio Casado

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Los Sánchez quisieron ser reyes por un día

La insoportable levedad de los ‘corrillos’ propios de la Fiesta Nacional ha sido superada por la insoportable levedad del aquí y ahora de la depreciada política nacional

Foto: Los reyes Felipe VI y Letizia y el presidente del gobierno Pedro Sánchez y su mujer Begoña Gómez, durante la recepción en el Palacio Real. (EFE)
Los reyes Felipe VI y Letizia y el presidente del gobierno Pedro Sánchez y su mujer Begoña Gómez, durante la recepción en el Palacio Real. (EFE)

Fiesta Nacional, día de ‘corrillos’ en el Palacio de Oriente. Un clásico en la vida del periodista sediento de novedades. Hojarasca informativa de combustión rápida. En la memoria guardamos un rico anecdotario. Se conserva en las portadas del día después del amontonamiento con ministros, embajadores, obispos, banqueros y militares de alta graduación.

Así fue el error de protocolo en el saludo de Pedro Sánchez a los Reyes

Por fatiga de materiales, la insoportable levedad de los ‘corrillos’ ha sido superada por la insoportable levedad del aquí y ahora de la depreciada política nacional, convertida en ingrávido reino de la volatilidad, la incertidumbre y los palos de ciego.

No desentonó la recepción en el Palacio Real. Casi mejor así. Consuelo de necios. Miremos hacia otro lado. Lo pagaremos antes o después, aunque ahora dejemos los deberes para mañana. De haberlos hecho cuando tocaba, a pesar del día otoñal, gris y desangelado, ya sabríamos que ayer no había nada que celebrar y mucho que lamentar.

Pero se impuso la mirada distraída ¿Acaso el silencio cómplice? Como si no supiésemos que, apenas veinticuatro horas antes de que la clase política celebrase la Fiesta Nacional junto a los Reyes, los costaleros del Gobierno de la Nación (populistas de Podemos y nacionalistas catalanes) habían conseguido que el Parlamento de Cataluña reprobase al Rey de España y reclamase la abolición de la Monarquía.

Como si no supiéramos que, en vísperas de que los titulares de los tres poderes del Estado (Pastor, Sánchez, Lesmes) acudieran a cumplimentar a los Reyes en la tradicional recepción del 12 de octubre, quienes acababan de concertar con el Gobierno una partida presupuestaria para la Casa Real eran los mismos que acababan de pedir la abolición de la Monarquía.

Pero Sánchez no parece dar demasiada importancia a este tipo de anomalías en los engranajes del discurso político. O sí, y a ver si el problema es otro. A lo mejor la explicación radica en el hecho de que Sánchez, un recién llegado al juego de tronos, no ha heredado el alma republicana de los socialistas junto al histórico respeto por el decisivo papel de la Monarquía en la recuperación de las libertades a la muerte de Franco.

Eso explicaría que en sus ‘corrillos’ no se desbordase la retórica del frío comunicado donde se anuncia que el Gobierno tomará no se sabe qué “medidas legales a su alcance” contra quienes socaven “la posición constitucional de todas y cada una de las instituciones del Estado”.

En fecha tan señalada como la de ayer, esperábamos un puñetazo encima de la mesa del presidente del Gobierno frente a las provocaciones gestuales de los enemigos de la Constitución y la Monarquía Parlamentaria. Pero fuese y no hubo nada. Salvo el patinazo protocolario de los Sánchez, que quisieron ser reyes por un día, alineados con don Felipe y doña Leticia en el besamanos, hasta que se produjo su inmediata destitución.

Me recordó la chanza surrealista de Harpo Marx en la escena de los sombreros. En 'Sopa de Ganso' la victima del mudo fue un inofensivo vendedor ambulante que ponía la mano donde Harpo colgaba su pierna sin venir a cuento. Igual que Ana Pastor, la presidenta del Congreso, que también saludo a Sánchez y a su esposa sin venir a cuento porque la pareja se había colocado en disposición de compartir los cumplidos, como si fueran una extensión de la familia real.

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