Cospedal le rompe la cintura a Casado

La moralina que nos sale al paso no puede ser más aberrante. Un partido político con información confidencial obtenida por un funcionario prevaricador

Foto: María Dolores de Cospedal y Pablo Casado. (EFE)
María Dolores de Cospedal y Pablo Casado. (EFE)

En el ordenador de Pablo Casado entró hace tres días el resultado de una encuesta que pone al PP (23,9%) a medio punto por debajo del PSOE (24,4%) en expectativas de voto. Ciudadanos aparece con un 20%. Podemos, 16%. Y Vox, por debajo del 3%. Pero lo más reseñable es el desplome del efecto Sánchez. Tras la moción de censura contra Rajoy, los mismos encuestadores habían puesto a los socialistas con casi 10 puntos arriba.

Los dirigentes del PP venían manejando esos datos en malicioso maridaje con las chanzas dedicadas al último barómetro del CIS. Hasta que se supo que su ex secretaria general, María Dolores de Cospedal, decisiva en el salto a la fama de Casado, había tenido tratos secretos con el comisario Villarejo.

Un profesional del chantaje, un habitante de las cloacas, un desalmado coleccionista de trapos sucios, que entraba y salía por el garaje de la sede del partido en la calle Génova. Como los jefes. Luego subía a la séptima planta, donde tenían despacho Rajoy y Cospedal. Y no para mostrar su adhesión a la causa, sino para informar sobre procesos de investigación policial que afectaban al PP. Se mencionan Gürtel, Brugal y Umbra.

Del precio no sabemos nada, pero ¿quién se atrevería a sostener que, a la vista de los antecedentes, Villarejo lo hacía por amor al arte?

La moralina que nos sale al paso no puede ser más aberrante. Un partido político con información confidencial obtenida por un funcionario prevaricador entre junio y noviembre de 2009. Datos oficiales que, según se desprende de las conversaciones a dos y tres bandas (Villarejo-Lopez del Hierro-Cospedal), robadas por el micrófono furtivo del comisario, habrían servido para eliminar pruebas en los citados casos de corrupción.

Palabras mayores de resonancia penal. Pero eso ya lo dirán los jueces. O no. Entretanto, se especula con la factura. Del precio no sabemos nada, aunque nadie cree que el comisario tuviera un trato deferente con el PP solo por afinidad política o por amistad con el esposo de Cospedal, el empresario Ignacio López del Hierro. ¿Quién se atrevería a sostener que, a la vista de los antecedentes, Villarejo lo hacía por amor al arte? Esa es, a mi juicio, la pregunta envenenada que por ahora cursa sin respuesta en los circuitos políticos y mediáticos.

Hoy Casado esperaba salir a hombros del Congreso, pero ya es pólvora mojada su ofensiva contra Duque y Celaá por sus patrimonios inmobiliarios

De nuevo la vida pública padece los desacompasados ritmos de la acción política respecto a los del periodismo. Ya no sirve el argumentario preparado el jueves por la mañana, después de una primera conversación de Teodoro García con su antecesora en la Secretaría General del PP, cuando solo se hablaba de los audios del comisario con el esposo de Cospedal, que esta se apresuró a reconocer.

Aún no sabían que otros audios la comprometían directamente. Y revelaban que había pecado en la mismísima sede del partido, a diferencia del dicharachero encuentro de la ministra Delgado en un restaurante con el policía prevaricador y seis personas más. Ahora la ministra Delgado ha sido requeteconfirmada en su cargo por la ex secretaria general del PP.

Los apremios informativos vuelven a descomponer los cálculos tácticos y las previsiones estratégicas de los partidos. Hoy, Pablo Casado esperaba salir a hombros del Congreso, como la semana pasada, en la sesión de control al Gobierno. Pero ya es pólvora mojada la artillería prevista contra los ministros Duque y Celaá, a cuenta de sus respectivos patrimonios inmobiliarios.

Al Grano

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
7 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios