Los huesos de Franco: vuelve el culebrón

La Iglesia no quiere a Franco en el primer templo de Madrid, pero en vida lo paseó bajo palio, compartiendo honores solo debidos al cuerpo de Cristo

Foto: Tumba de Francisco Franco en el Valle de los Caídos. (EFE)
Tumba de Francisco Franco en el Valle de los Caídos. (EFE)

En las próximas 24 horas, conoceremos las enmiendas de los partidos al articulado de la Ley de Memoria Histórica, en versión corregida y aumentada por el Gobierno Sánchez. A punto de cerrarse el plazo (mañana martes), tras la última prórroga provocada por PP y Ciudadanos, los huesos de Franco vuelven a marcar la actualidad. Un verdadero culebrón.

Las enmiendas socialistas van encaminadas a impedir por ley que los restos del general acaben donde puedan ser enaltecidos. Serán sancionados los titulares del establecimiento civil o religioso que no impidan la exaltación de la dictadura franquista. Así que de la Almudena, ni hablamos.

Ni de la catedral ni del cementerio del mismo nombre. Ambos son lugares “abiertos al público” y se expondrían al cierre temporal o definitivo. Sea iglesia o sea cementerio, según el borrador de las enmiendas. Deberán matizarlo antes de que cundan las bromas sobre el grado de chuscada que puede generar el miedo al subidón de los seguidores de Franco en vísperas del 20-N. ¿Van a ir a la cárcel por ejercer su libertad de expresión?

A punto de cerrarse el plazo (mañana martes), tras la última prórroga provocada por PP y Ciudadanos, los huesos de Franco vuelven a marcar la actualidad

¿Tantos son, 43 años después de la muerte de aquel desdichado? El discurso oficial no entra a ese trapo. Nadie dice que sean muchos o pocos los potenciales seguidores. Pero es evidente el miedo a recrear épocas amargas. El Gobierno se remite al mandato de la Ley de Memoria Histórica de 2007 y a una reciente resolución del Parlamento Europeo, apoyada incluso por el PP, que compromete a los gobiernos contra cualquier forma de enaltecimiento del fascismo.

El Gobierno sigue esperando una decisión de la familia sobre el destino de los huesos del general, inhabilitado para seguir en el Valle de los Caídos por no ser una víctima de la Guerra Civil (a diferencia de José Antonio Primo de Rivera). Se ha filtrado la disponibilidad de Moncloa a permitir con algún condicionante que acaben en el cementerio de Mingorrubio (El Pardo), junto a los de su esposa, Carmen Polo. Pero nadie puede garantizar que, por llevarlos a ese o cualquier otro cementerio, van a desaparecer de la noche a la mañana los fervores y la movilidad física de los seguidores de Franco.

Nadie dice que sean muchos o pocos los potenciales seguidores del franquismo. Pero es evidente el miedo a recrear épocas amargas

Como los malos jugadores de ajedrez, Sánchez movió pieza sin haber pensado los dos o tres siguientes movimientos según la respuesta del adversario. Decidió la exhumación por decreto-ley (ya convalidado, ahora se tramita como proyecto de ley) sin haber pensado en la re-inhumación.

Tras el viaje vaticano de Carmen Calvo, la vicepresidenta, el asunto se ha enredado. Y cada vez se parece más a una comedia que a un drama, con valiosas aportaciones de la Iglesia católica, poco inclinada a una incómoda actualización del nacional-catolicismo. Eso significaría enterrar a Franco en la cripta de la madrileña catedral de la Almudena, lindante con el Palacio Real. Dicho sea evocando metafóricamente la histórica complicidad del poder temporal y el poder espiritual.

Tampoco se entiende el carácter retroactivo de este inesperado escrúpulo. La Iglesia no quiere a Franco en el primer templo de Madrid, pero en vida lo paseó bajo palio, compartiendo honores solo debidos al cuerpo de Cristo.

Paradojas que nos reserva la historia.

Al Grano

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