Opiniones de un payaso que no hace reír

Es discutible que Dani Mateo haya desbordado las barreras jurídicas de la libertad de expresión. Es seguro que ha desbordado las barreras éticas y estéticas de la vida en común

Foto: Dani Mateo, en 'El Intermedio'.
Dani Mateo, en 'El Intermedio'.

Decía Hans Schnier, el personaje de Heinrich Böll en 'Opiniones de un payaso', que solo cuando salía borracho a escena cometía el fallo más grave que puede cometer un payaso. Reírse de sus ocurrencias.

Por eso nunca salía sobrio de su camerino. No se lo podía permitir en plena resaca nacionalsocialista. En aquella Alemania contrita y atormentada, no tenían ninguna gracia los chistes de payaso en pleno uso de sus facultades mentales. So pena de convertirse en una marioneta ante un público muerto de risa.

Dani Mateo, el comunicador de La Sexta que simuló limpiarse los mocos con la bandera de España, consciente de las obligaciones contraídas por su inesperado protagonismo social, sin dejar de reírse de su propia ocurrencia, se ha mostrado seriamente preocupado porque se quiera llevar ante la Justicia a un payaso “por hacer su trabajo”.

Muchos artistas hacen su trabajo sin ofender a nadie para arrancar la risa de su público. Eso requiere talento. Lo de Mateo solo requiere osadía

Muy desacertada su opinión. Muchos artistas del humor hacen su trabajo sin pasar por el juzgado. Servidor se parte la caja con el verbo inteligente de Leo Harlem, Carlos Latre, Berto Romero y tantos otros que no tienen necesidad de ofender a nadie para arrancar la risa de su público. Eso requiere talento. Lo de Mateo solo requiere osadía o atrevimiento, que son recursos propios de mentes poco evolucionadas, generados por la galbana, la necedad o la ignorancia.

Es discutible que la sal gorda de Dani Mateo haya desbordado las barreras jurídicas. Pero es seguro que ha desbordado las barreras éticas y estéticas de la libertad de expresión. Y de la vida en común.

Olvidemos la dimensión judicial del caso. No me tomaré la molestia de especular sobre el desenlace de la investigación abierta por un presunto delito de ofensas a un símbolo nacional. O sobre la iniciativa de la Fiscalía por unificar criterios a la baja en eventuales acusaciones por delitos de odio.

Nadie debe ir a la cárcel por el uso de su libertad de expresión. Pero sí volver a la escuela para aprender que no se debe ir ofendiendo sentimientos ajenos

En ambos casos, estamos hablando de la sagrada libertad de expresión. Un dogma civil de la democracia que también alcanza a la libérrima circulación de las ocurrencias y las opiniones de un payaso. Pacíficamente formuladas, se entiende.

Nadie debería ir a la cárcel por un exceso en el uso de la libertad de expresión. Pero sí volver a la escuela. O a un centro de reeducación para aprender que no se debe ir por la vida ofendiendo sentimientos ajenos a cambio de que nadie ofenda los propios. Es el primer mandamiento de la convivencia, inspirado en lo que dicta el sentido común. Y no tanto en lo que dictan las leyes, aunque puedan ser concomitantes.

En todo caso, quien atenta contra el sentido común, las reglas de la convivencia y los sentimientos ajenos, a costa de un símbolo nacional, por ejemplo, debe estar preparado para que otros atenten contra el sentido común, las reglas de la convivencia y los sentimientos ajenos, a costa del debido respeto a la dignidad de aquel.

En vez de asumirlo, en justa reciprocidad, Mateo se ha puesto a dictar doctrina sobre los límites del humor y lo preocupado que está por que las opiniones de un payaso puedan ser penalizadas. Solo nos faltaba que se ofreciese como víctima.

Al Grano

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