Los lazos amarillos no pagan la hipoteca

Las movilizaciones sociales ponen de los nervios al Govern. Pero esta vez la expresión del hartazgo no viene del Estado represor

Foto: Quim Torra en la reunión semanal del gobierno catalán. (EFE)
Quim Torra en la reunión semanal del gobierno catalán. (EFE)

A sabiendas de que el independentismo solo vive de sus presos y de los errores del Gobierno, el estado mayor de Sánchez cree que podríamos estar ante un principio desactivador del reto sedicioso. Solo en su fase más aguda. Sigue siendo elemento fijo del análisis que dar salida al problema de fondo va para largo. Las señales preceden al malestar social escenificado estos días en las calles de las principales ciudades catalanas. Parece evidente la desinflamación del conflicto.

A la mortecina lucecita de Waterloo, la consabida fractura del bloque independentista y el desencanto de miles de 'indepes', se suma ahora la indolente gestión de Quim Torra como máximo responsable de un Govern que no gobierna, instalado como está en el activismo y no en la política de las cosas.

La huelga general de los funcionarios de la Generalitat, anunciada para el próximo día 12, pone de los nervios a los guardianes de las esencias. Esta vez la expresión del hartazgo viene de la sociedad catalana, no del Estado represor.

A la mortecina lucecita de Waterloo y la fractura del bloque independentista se suma la indolente gestión de Torra en un Govern que no gobierna

El malestar afecta también a médicos, profesores, alumnos y bomberos, en legítima defensa de sus respectivos estatus laborales y salariales. Han descubierto que los lazos amarillos y la épica independentista no pagan la hipoteca ni el colegio de los niños. Tampoco sirven para revertir los recortes de 2012 (una de las palancas de Artur Mas en el órdago separatista a Mariano Rajoy), actualizar los sueldos de los funcionarios o dotar de medios materiales y humanos a servicios públicos esenciales como educación y sanidad.

El reproche no nace en Madrid sino en la Cataluña que madruga y trabaja cada día intentando llegar a fin de mes. Torra ya ha dicho que no hay dinero para revertir los recortes, a diferencia de lo ocurrido en otras Comunidades Autónomas. Y en Madrid esperan que sea en el seno de los sectores afectados donde se pregunten por el paradero del dinero que a Torra le falta para atender esas reivindicaciones.

En Moncloa confían que las movilizaciones sociales en Cataluña puedan ser la excusa para el apoyo nacionalista al proyecto de PGE para 2019

Impagable baza política caída del cielo sobre la Moncloa. Justo cuando los 17 votos del nacionalismo catalán en el Congreso podrían desatascar unos Presupuestos Generales del Estado que "responderían a las necesidades de buena parte de los catalanes", como ya se ha apresurado a señalar la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo.

A Pedro Sánchez le hubiera bastado con alquilar balcones y asistir en primera fila a estos brotes de malestar social con tendencia a crecer. Pero no ha resistido la tentación de verlos como un último asidero para la fumata blanca del proyecto presupuestario pactado con Podemos.

No creo que eso vaya a ocurrir. El discurso independentista ha ido demasiado lejos y la chequera del Estado no le hará desdecirse de la noche a la mañana. Sin embargo, a disposición de Moncloa queda el inesperado regalo de las protestas sociales contra un Govern que se instala en el activismo identitario y se olvida de gobernar. Esperemos que no se malogre. Por el bien de tantos catalanes que ven la forma de llegar a fin de mes en la política de las cosas, no en la política de los sueños.

Al Grano

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