Torra y su curiosa solidaridad con los presos de Lledoners

Miles de independentistas de malograda buena fe detectan lo absurdo de una situación en la que los carceleros piden la libertad de los encarcelados

Foto: El presidente catalán, Quim Torra. (EFE)
El presidente catalán, Quim Torra. (EFE)

Los independentistas catalanes más sensibles a la llamada de la tribu están cabreados con el hechicero. Por eso convocan a la insurrección por las redes sociales y cortan las carreteras. Ya no aguantan la desidia de sus jefes políticos, desunidos e incapaces de avanzar un solo milímetro hacia la república declamada hace ya más de un año.

“Que la pongan en práctica o que dimitan”, dicen las aguerridas falanges independentistas alistadas en los CDR (comités de defensa de la república), de vocación antifascista y métodos inequívocamente fascistas (intolerancia, violencia, supremacismo, xenofobia y sueños imperiales con efecto retroactivo).

Coherencia les sobra. La que echan a faltar en el 'molt honorable president', cuyo patriotismo termina donde empieza la marca del Estado represor. El temerario desafío de Quim Torra a las fuerzas del mal consiste en aplaudir a los activistas ("apretad, apretad") y quitarles de encima a los 'mossos' mientras revientan las libertades ajenas de circulación y expresión, como han venido haciendo estos últimos días.

Los 'indepes' echan en falta más coherencia del 'president', cuyo patriotismo solidario termina donde empieza la marca del Estado represor

Pero Torra, un activista más disfrazado de gobernante, se viene arriba. Más patriota que nadie y más determinado que nadie a plantar cara a ‘aquesta gent tan ufana y tan superba’. Que se enteren en Madrid. Ha decidido solidarizarse con los presos de Lledoners, mediante una huelga de hambre de 48 horas, acogido a la leal hospitalidad del Monasterio de Montserrat.

Cuando este fin de semana se conoció este rasgo de heroísmo del presidente de la Generalitat, algunos pensamos que era una ‘fake new’, una chanza ideada en las redes por los seguidores de Inés Arrimadas contra este extravagante actor invitado a la comedia del ‘procés’. La confirmación de la noticia nos dejó hablando solos. Ya sabemos ahora que Torra prolongará su sacrificio hasta mañana por la mañana, cuando está llamado a presidir la reunión de su Consell Executiu.

Los CDR y la CUP critican la aversión de los líderes nacionalistas a la desobediencia y la unilateralidad como medios de avanzar hacia la independencia

A quienes están en la versión más impaciente de la desconexión con España no les ha hecho ninguna gracia. Mucho menos si la noticia se relaciona con la huelga de hambre seguida por cuatro de los dirigentes nacionalistas encarcelados en la prisión de Lledoners. Simplemente, porque es una dosis de recuerdo sobre la aversión de los gobernantes nacionalistas a la desobediencia y la unilateralidad como único medio útil de avanzar hacia la independencia de Cataluña.

Es muy lógico el fastidio recurrente entre los activistas del nacionalismo ansioso, los CDR, los seguidores de la CUP o, simplemente, los miles de independentistas de malograda buena fe. Todos ellos han detectado lo absurdo de una situación en la que los carceleros pidan la libertad de los encarcelados. Les bastó echar un vistazo al artículo 168 del Estatut.

El temerario desafío de Torra al Estado consiste en aplaudir a los activistas y quitarles de encima a los 'mossos' mientras revientan las libertades ajenas

Dice en su apartado b) que corresponde a la Generalitat “la totalidad de la gestión de la actividad penitenciaria en Cataluña, especialmente la dirección, la organización, el régimen, el funcionamiento, la planificación y la inspección de las instituciones penitenciarias de cualquier tipo situadas en Cataluña”.

Ergo, es una broma de mal gusto que la solidaridad de Torra con los presos en huelga de hambre se quede en un saludable ayuno de 48 horas. La lógica del independentista hiperventilado se pregunta que, si tan solidarios son el presidente y su Govern con los presos injustamente encarcelados por el Estado represor, ¿por qué no les abren las puertas de unas cárceles que dependen de la Generalitat? Ah, no. Eso de ninguna manera, porque si lo hacen también ellos podrían ir a la cárcel, a la luz de previsiones bien descritas en el Código Penal para ciertos comportamientos. A Torra hasta le podrían embargar su piso de la Diagonal. Y eso, ni pensarlo.

Al Grano

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