Vox y sus pellizcos de monja

El enjuague de la derecha andaluza no peligra por las exigencias de Vox. Son maniobras de distracción para seguir saliendo en la foto

Foto: Teodoro García Egea y Javier Ortega Smith escenifican el pacto entre el PP y Vox. (PP)
Teodoro García Egea y Javier Ortega Smith escenifican el pacto entre el PP y Vox. (PP)

Ayer nos decía en la radio el número dos del PP, Teodoro García, que Vox le da minutos a Susana Díaz. O sea, esperanza de volver a las andadas. No es verdad. Vox se da minutos a sí mismo. O sea, protagonismo, ahora que sus doce escaños se han hecho imprescindibles para que PP y Ciudadanos formen gobierno sobre los noventa puntos del programa pactado.

Moreno Bonilla no tiene tan seguro el cielo como la presidencia de la Junta. El enjuague de la derecha andaluza no corre peligro por las exigencias de Vox. Son pellizcos de monja. Maniobras de distracción por seguir saliendo en la foto. Y gestionarlas por parte de los otros dos vectores de la operación es inconveniente de menor cuantía frente a la poderosa razón que les une y les motiva (terminar con el largo reinado socialista).

Vox hace al PP lo que Podemos le hizo al PSOE hace cuatro años, cuando las urnas le convirtieron en el cuarto actor del arco parlamentario

El fenómeno no es nuevo. Lo vimos cuando las urnas europeas de 2014 y las generales de 2015 convirtieron a Podemos en el cuarto actor del arco parlamentario. Hagamos memoria, por favor. Su inesperado protagonismo nos deparó aquel grotesco tic-tac-tic-tac con el que Pablo Manuel marcaba su cuenta atrás hacia el poder ¿Le recuerdan nombrando los ministros de un no nato gobierno de Pedro Sánchez?

Lo que entonces Podemos le hizo al PSOE, al PP se lo hace ahora Vox, tras su inesperada irrupción como quinto actor de la vida política nacional. Es su momento y quiere aprovecharlo, sabedor de su papel como ineludible compañero de viaje. Aunque sea en el asiento supletorio en el gobierno de coalición PP-Ciudadanos que con toda seguridad va a formarse en Andalucía.

Más modestos que Iglesias y Monedero, que proponían el fin de la Monarquía y arremetían contra el abominable régimen del 78, Abascal y Javier Ortega, proponen la re-centralización del poder territorial y denuncian la tiranía del feminismo como Podemos denunciaba la del Ibex.

Por una cuestión de coherencia, y no de ideología, el PSOE va tener difícil hablar de congruencia en materia de apoyos para conquistar el poder

Las reaccionarias demandas de Vox contra las leyes andaluzas de protección a las victimas de la violencia machista parecen estar frenando la formación de un gobierno de derechas en la Junta. Un espejismo. Esa exigencia ya se ha diluido en una reclamación más amplia sobre su participación en el programa. Bastó el guiño de Pablo Casado, presidente del PP, sobre inclusión de ancianos, niños y varones agredidos en las ayudas a víctimas de la violencia domestica. No solo mujeres. Si, al tiempo, las exigencias de Vox dan a Ciudadanos la ocasión de reafirmarse en su centralidad, no sale perdiendo ninguno de los tres vectores de la derecha sindicados para gobernar.

En cuanto a la izquierda gobernante a escala nacional, el PSOE va tener difícil hablar de coherencia en materia de apoyos externos para conquistar el poder. Cuestión de coherencia, repito, y no de ideología, en el uso de las varas de medir. Le dirán que apoyarse en la derecha más reaccionaria no es más nocivo que apoyarse en enemigos declarados de la Constitución.

Hemos de recordarlo ahora con la misma liberalidad que algunos advierten contra la "incongruencia moral" (Manuel Valls) en la que incurriría Ciudadanos si asumen ciertas exigencias de Vox, reaccionarias e inconstitucionales.

Al Grano

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