Iglesias-Errejón: radiografía de un cisma

Arde Podemos y uno de sus fundadores huye de la quema. No ve futuro al partido en su actual armazón ideológico y organizativo

Foto: Íñigo Errejón y Pablo Iglesias. (Raúl Arias)
Íñigo Errejón y Pablo Iglesias. (Raúl Arias)

Aunque Podemos pisó moqueta en Madrid gracias a Manuela Carmena, Iglesias le echó un pulso hace dos meses. Le quiso imponer comisarios políticos. O sea, concejales previamente elegidos en primarias del partido. Las ganan los más hábiles en el manejo de las redes sociales, no los más preparados para trabajar por los ciudadanos, según ella.

“Pertenezco a la dirección de Podemos pero me alegro de que ese pulso lo ganase Manuela”. Así celebró entonces Íñigo Errejón, con notable disgusto de los pablistas, la derrota de Iglesias ante los seis concejales que eludieron la disciplina de partido y se unieron a la causa de Más Madrid. Como también acaba de hacer el candidato a la presidencia de la Comunidad.

Iglesias-Errejón: radiografía de un cisma

Pablo Manuel Iglesias, último en conocer la espantada, ahora en labores de paternidad responsable, infantiliza su reacción y se declara “tocado y triste” por la “deslealtad” de su otrora amigo del alma. Errejón paga con la misma moneda. Días antes la dirección de Podemos (o sea, Iglesias y Espinar) quisieron hacerle la lista, como antes a Carmena. No pudieron con ella, independiente al fin y al cabo. Tampoco han podido con él.

Arde Podemos y uno de sus fundadores huye de la quema. No ve futuro al partido en su actual armazón ideológico y organizativo. Ante un nuevo ciclo (derechización, fragmentación, desafección institucional, cambio de paradigmas), el insurgente recupera su apuesta. Llegar a las instituciones para resolver problemas de la gente, no para caer simpáticos. Y apiñarse en el espacio de la izquierda ocupado por el PSOE desde la transición. Justo cuando había empezado a detectar una cierta evolución de Iglesias “hacia donde yo siempre dije que había que ir”, comenta.

Pero en realidad el cisma estaba larvado desde el minuto uno. Las dos almas palpitaron en sus diferencias. Desde la obsesión con la forma del Estado (Monarquía), que a Errejón le parece un error político, porque no afecta a las verdaderas necesidades de los ciudadanos, hasta el absurdo empeño de querer ajustar cuentas con los políticos de la transición.

La última coincidencia fue aclamar a Chávez y abuchear a Rosa Díez en la Complutense. La última discrepancia, el chalet de Galapagar

La última coincidencia fue aclamar a Hugo Chávez y abuchear a Rosa Díez en la Complutense. La última discrepancia, el chalet de Galapagar: “Nos pasamos de franciscanos en su día y ahora lo estamos pagando”, dice Errejón, muy contrario al referéndum que acabó endosando a los militantes de Podemos la “hipoteca moral” por la compra de esa vivienda.

Con el salto a la fama en las elecciones europeas de 2014, se produjo el primer encontronazo. Errejón quiso que los cinco diputados inesperadamente logrados en las urnas de aquel 26 de mayo se integrasen en el grupo de Los Verdes. Iglesias prefirió la coalición de las izquierdas (IU de Alberto Garzón, ex comunistas alemanes, Bildu, la Syriza de Tsipras y otros grupos radicales), que a su numero dos le parecía “un museo de cera”. Así se lo dijo, pero el número uno impuso su criterio.

Errejón no estuvo de acuerdo con la estrategia del sorpaso en base a una contraproducente agresividad de Iglesias con el PSOE

Desde entonces las diferencias han sido notables. Errejón nunca estuvo de acuerdo con la estrategia del sorpaso en base a una contraproducente agresividad de Iglesias con el PSOE. Quedó simbolizada en su desabrida alusión a la “cal viva” y la expresión de rostro abofeteado que puso el entonces todavía numero dos de Podemos (marzo 2016). Un punto de inflexión para miles de votantes socialistas que simpatizaban con Podemos siempre que no se insultase el pasado del PSOE.

Errejón siempre rechazó el “patriotismo de partido” exigido por los pablistas. Le parece propio del más rancio comunismo. Y no compartió los argumentos que desembocaron en el pacto con IU (febrero 2016). Así hasta el congreso de Vistalegre II (febrero 2017), donde se impuso Iglesias y se escenificó su caída en desgracia, como antes la de Luís Alegre, o Carolina Bescansa, por razones similares.

Errejón siempre rechazó el “patriotismo de partido” exigido por los pablistas. Le parece propio del más rancio comunismo

Luego vino la encomienda para la batalla de Madrid que a Errejón le pareció prematura: “Me obligaron a estar en la arena electoral demasiado pronto sin saber quienes iban a ser los candidatos de otros partidos, salvo Gabilondo”.

Al Grano
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