El rearme era eso: adiós Rajoy, hola Aznar

El PP necesitaba ese chute de autoestima. Y, de paso, recuperar su ADN, en línea con la reclamación de Aznar en sus habituales sartenazos al bajo vientre de Rajoy

Foto: Pablo Casado y José María Aznar, durante la convención nacional del PP. (EFE)
Pablo Casado y José María Aznar, durante la convención nacional del PP. (EFE)

Vista a la derecha en la convención nacional del Partido Popular celebrada este fin de semana. El rearme ideológico era eso: el entierro del marianismo y la vuelta de José María Aznar. Con especial llamamiento a los abandonistas. Tal que así: “Este es el PP verdadero”, dice Pablo Casado, convencido de que el votante se marcha “si anulamos nuestro perfil”.

Lo firmó el domingo el presidente del partido en Ifema, especialmente dispuesto para el lavado y abrillantado de unas siglas asociadas a la corrupción, ‘a título lucrativo’ (articulo 122 del Código Penal), causa inmediata de su reciente desalojo del poder.

La organización necesitaba ese chute de autoestima. Y, de paso, recuperar su ADN, en línea con la reclamación aznarista en sus habituales sartenazos al bajo vientre de Rajoy. El propio Aznar declamó el sábado su recuperada lealtad al PP después de haber declinado la presidencia de honor (diciembre de 2016). Y también su entusiasta conformidad, ahora sí, con la línea emprendida por Casado, “un gran líder, sin tutelas ni tutías”, dijo en póstumo homenaje a Fraga Iribarne, el padre fundador.

Más que desmarcarse de Vox, lo que hizo Pablo Casado fue reconocerse en los votantes del partido de moda y pedirles que vuelvan

Quedó claro. Al finalizar Casado, terminó su encendido discurso de ayer. “Me ha parecido fantástico”, dijo el expresidente. Lógico. Fantástico o no, las coincidencias fueron plenas en llamamientos a recuperar las esencias del PP (¿se evaporaron durante 14 años de marianismo?). Y hasta verbalmente milimétricas en asuntos tan vivos como el conflicto catalán y la sindicación de fuerzas que mantienen a Sánchez en la Moncloa.

Fue explícito el giro a la derecha en el discurso de Pablo Casado. Sin complejos. Ese es el mantra. Y sin la menor intención de marcar distancias con Vox, de reciente salto a la fama por la parte más a la derecha del escenario político. Todo lo contrario. Más que desmarcarse, lo que hizo el líder del PP, elegido este verano en unas primarias cuya participación no superó el 10% de la militancia, fue reconocerse en los votantes del partido de moda y pedirles que vuelvan a la "casa común" (la franciscana expresión, ya utilizada por Aznar en su discurso del día anterior, es recurrente en la encíclica del Papa 'Laudato si', sobre cambio climático).

Casado cargó contra el PSOE, por “vender a España por un plato de lentejas”. O tener síndrome de Estocolmo hacia asesinos, violadores y separatistas

Lo demás fueron soflamas contra el nacionalismo catalán, “esa banda de fanáticos supremacistas”. Y contra los socialistas. A mi juicio, son enormidades propias de quien sabe que calan fácilmente en la opinión pública. E impropias de quien se trabaja un perfil de hombre de Estado. Como la de acusar al PSOE de vender a España por un plato de lentejas. O la de endosar a la “progresía española” el síndrome de Estocolmo ante asesinos, violadores, pederastas y separatistas.

Pero los asistentes a la convención, disciplinados militantes en pleno subidón por el salto al poder en Andalucía, dispuestos a repetir la experiencia en las urnas del 26 de mayo (europeas, autonómicas, municipales), se rompieron las manos.

Ya habían pasado 48 horas del fugaz paso de Mariano Rajoy por la convención. Y los dos días restantes, el sábado de Aznar y el domingo de Casado, ya no tenían nada que ver con él.

Al Grano
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