Ante el chantaje independentista solo vale el 'no es no'

Es el pernicioso juego al que de ninguna manera debería prestarse el Gobierno con sus peligrosos quiebros semánticos. Como renegar de la palabra 'mediador' en una mesa de diálogo

Foto: Pedro Sánchez. (EFE)
Pedro Sánchez. (EFE)

Las dos almas del independentismo catalán, personalizadas en Puigdemont y Junqueras, llegan a las vísperas del juicio muy apremiadas por el avidez de capitalizar esa imagen. Que el mundo sepa que sus dirigentes van a ser juzgados por un tribunal del Estado español que ya tiene decidida la condena.

Lo asombroso es que pretenden contar con la colaboración del Gobierno. No voluntaria, claro, sino forzada por un chantaje al presidente. Se trata de amenazar su continuidad en el poder. Punto sensible en la genética de Sánchez. Resultaría afectada si los diputados de ERC y neoconvergentes, o uno de esos dos grupos, acaban uniendo sus votos a los del PP y Cs para frenar en seco la tramitación de los PGE en el debate de totalidad previsto para el próximo 13 de febrero.

Momento raro, raro, raro de la política nacional. La derechona del 155 permanente y el club de fans de de la república independiente de Cataluña hacen frente común contra Sánchez. Unos porque capitula frente al chantaje. Otros porque no capitula frente al chantaje. Lance absurdo y efecto del diabólico cruce de sucesos venideros en esta democracia de último minuto: juicio al ‘proces’, PGE 2019 y elecciones del 26 de mayo.

Pero no hay problema si Sánchez echa una mano con gestos, muecas, insinuaciones, guiños, señales de buena voluntad, que rompan o parezca que rompen dos principios básicos en la arquitectura del Estado. Uno, la soberanía nacional única. Otro, la separación de poderes. Quedarían cubiertas las dos exigencias que alargarían la estancia de Sánchez en la Moncloa. Una inmediata, desactivar el horizonte penal de los dirigentes presos o fugados de la Justicia. Otra mediata, reconocimiento de la autodeterminación con mediación internacional.

No hay margen de maniobra en el Gobierno si se trata de pasarse por el arco del triunfo principios básicos a petición de parte

Es el pernicioso juego al que de ninguna manera debería prestarse el Gobierno con sus peligrosos quiebros semánticos. Como ese de renegar de la palabra 'mediador' en una mesa de diálogo “sobre el futuro político de Cataluña”, y decir relator, coordinador, notario, convocante o secretario de actas.

No hay margen de maniobra en el Gobierno si se trata de pasarse por el arco del triunfo principios básicos a petición de parte. Ante exigencias anticonstitucionales como las de los republicanos de Junqueras y los neoconvergentes de Torra y Puigdemont, que ni siquiera se molestan en esperar a a la sentencia por el juicio que está próximo a celebrarse en el Tribunal Supremo, no vale un ya veremos como lo arreglamos. Solo vale un 'no es no' claro, rotundo, inequívoco.

Pero no es eso lo que nos vendió ayer la vicepresidenta, Carmen Calvo, al explicar que Gobierno y Generalitat quieren impulsar una mesa de diálogo de partidos sobre “el futuro político de Cataluña” con figura de “mediador” con otro nombre, pero “que entienda de política, lógicamente”, dijo. “Dialogar no es delito”, aclaró luego en el Senado. Tiene razón, dialogar no es delito. Pero ceder a los chantajes, o aparentar que se cede, es el camino más corto hacia la ruptura del contrato entre gobernantes y gobernados.

Es el riesgo que corre Sánchez si no gestiona bien el órdago de los independentistas. Si cede o parece que cede, las siglas del PSOE se hunden en las elecciones del 26 de mayo. Pero si capitaliza el 'no es no' a las anticonstitucionales exigencias de Torra y compañía, aún tiene margen para vender el discurso de que, en contra de las destempladas críticas de Casado y Rivera, no ha pasado por el aro del separatismo.

Al Grano
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