El pacto andaluz toma las calles de Madrid

La derecha española y el independentismo catalán atenazan al Gobierno en vísperas del juicio a los dirigentes políticos y civiles del 'proces'

Foto: Banderas de España en una concentración en diciembre en Madrid. (EFE)
Banderas de España en una concentración en diciembre en Madrid. (EFE)

Solo con la impagable ayuda del propio Pedro Sánchez se explica que la ambición nacional del pacto andaluz (PP-Cs-Vox) se pueda escenificar mañana en las calles de Madrid. Con previsible éxito de público, pues llamar ‘traidor’ al presidente del Gobierno, como hacen Pablo Casado y Albert Rivera, es injusto, desmedido, bárbaro, ofensivo. Pero acaba calando.

Y si cala no es porque lo sea, traidor ni ‘felón’ (ayer mismo juró de nuevo que jamás reconocerá el derecho de autodeterminación a los nacionalistas) sino porque lo parece. En política viene a ser lo mismo. Y ahí es donde Sánchez pone de su parte al empeñarse en sobrevivir con el apoyo de lo que hace unos días calificó de “nacionalismo excluyente y divisivo”. Se empeña pero no lo consigue, que esa es otra, con su fracasada política de apaciguamiento en el conflicto catalán ¿Alguien puede señalar una prueba visible de rendición, una concesión concreta de dudosa legalidad que se haya dado en la práctica a favor del independentismo?

Nada ha desbordado lo virtual en el apareamiento de Sánchez con el independentismo. Sin embargo, va camino de convertirse en su tumba política

Nada ha desbordado el campo virtual en los ritos de apareamiento de Sánchez con el independentismo. Sin embargo, eso va camino de convertirse en su tumba política, con evidente riesgo de contagio a la marca PSOE, tal y como lo están percibiendo señalados dirigentes regionales.

Quiero decir que el cortejo a los pérfidos pregoneros de la España represora tampoco le luce. Véase el portazo de los separatistas a las generosas vías de diálogo abiertas por Moncloa sobre el futuro de Cataluña (Gobierno-Generalitat y mesa de partidos con silla supletoria para el ‘relator’), que la vicepresidenta, Carmen Calvo, dio ayer por rotas.

O sea, que el Gobierno rompe con los independentistas y éstos le acusan de “falta de coraje” para echarles una mano en sus insidiosas artimañas contra el orden constitucional. Nada fuera de la ley, repite hasta la saciedad el presidente. Pero eso no le libra del callejero reproche que, por encamarse con independentistas o parecer que lo hace, le han preparado mañana en Madrid los partidos sindicados en Andalucía. Y sindicables donde haga falta para echar al PSOE del poder.

“Por una España unida, elecciones ya”, es el reclamo de la manifestación de la plaza de Colón, a tres meses largos de las elecciones del 26 de mayo. Con calentamiento previo firmado ayer en un diario de tirada nacional por el líder del PP, Pablo Casado. “A llenar las plazas para llenar las urnas”, reza el llamamiento, descaradamente plagiado a los independentistas catalanes (Diada de 2014: “11S omplir els carrers per omplir les urnes el 9N”).

Tiene un toque surrealista este momento 'tenaza'. El Gobierno acorralado al mismo tiempo por ceder y por no ceder ante los independentistas

'Españolazos' e 'indepes', unidos por el mismo grito, en vísperas del juicio a los dirigentes del ‘proces’ y el debate de totalidad sobre los PGE. No me negarán el toque surrealista de este momento ‘tenaza’. Sánchez acorralado al mismo tiempo por ceder y por no ceder ante los independentistas. Unos le acusan de traicionar a España. Otros de representar a la España represora, neofranquista y antidemocrática relatada en los extravagantes 21 puntos de Quim Torra.

Más allá del diabólico cruce de acontecimientos de la semana que viene ¿no les parece todo un poco absurdo?

Al Grano

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