Iceta y Borrell, como caballos en cacharrería

Pedradas de ida y vuelta. Pasto fresco para voracidad de analistas, algazara de tertulianos y golpe a la estrategia electoral del PSOE

Foto:  El primer secretario del PSC, Miquel Iceta. (EFE)
El primer secretario del PSC, Miquel Iceta. (EFE)

Cataluña es el lamparón del PSOE. El aborto, del PP. Van ocultos entre los pliegues de sus ropajes electoralistas. Pero Adolfo Suárez por allá y Miquel Iceta por acá, con la inestimable ayuda del ministro Borrell, soplaron a destiempo y esos borrones quedaron al descubierto en la última semana.

Así que pedradas de ida y vuelta. Pasto fresco para voracidad de analistas y algazara de tertulianos. Entretenidos estábamos con el inesperado brote indigenista de López Obrador, las cloacas de Villarejo, el duelo de machos Abascal-Aznar y los ritos de apareamiento Casado-Rivera. Y fue entonces cuando el hijo del presidente Suárez, escolta político del líder del PP en la lista de Madrid a las elecciones del 28-A, puso por testigo de su antiabortismo al hombre del Neandertal.

A los de Moncloa se les ensanchaba la sonrisa, felices con las querellas entre la derechita cobarde, la derecha furiosa y la veleta anaranjada. Que alboroten ellos, era la consigna. Hasta que reventó el mandato de perfil bajo en campo propio que Sánchez, Redondo y Ábalos tenían muy hablado. Con todo a favor, no hagamos olas. Y menos en la cuestión catalana, de hecho desaparecida del catálogo de las intenciones teatralizadas el miércoles pasado en Madrid.

Pero apareció la redonda humanidad del gran pícnico haciendo la bomba en medio de la piscina. Miquel Iceta dixit: con un 65 % de catalanes a favor de la independencia, deberíamos encauzar la reclamación ¿Un guiño a los independentista para que Sánchez vuelva a tenerlos de su parte cuando pida la confianza del Congreso en una eventual sesión de investidura? No parece, aunque pone en cuestión la firmeza de Pedro Sánchez en su reciente “jamás” a la autodeterminación de Cataluña. Y le obligan a jurar o prometer que iba en serio.

Que alboroten ellos, era la consigna. Pero reventó el mandato de perfil bajo en campo propio que Sánchez, Redondo y Ábalos tenían muy hablado

Sus ministros lo hicieron ayer por él. Alto y claro la titular del ramo, Meritxell Batet. Uno, “el proyecto socialista combate el independentismo”. Y dos, “En el socialismo no tiene cabida el referéndum pactado”. Tampoco en la Constitución, según la vicepresidenta y la ministra portavoz, Calvo y Celáa, que también salieron a apagar el fuego.

Menos declamatorio y más realista estuvo el ministro Ábalos. En vez de ponerse esencial en nombre de la “indisoluble unidad de la Nación española” (art. 2 de la CE), prefirió convocar a la tarea de impedir el supuesto teorizado por el líder del PSC (hipotética mayoría independentista del 65 %).

En todo caso, la hipótesis de Iceta facilita la tarea al PP y a Cs. La han convertido en prueba de cargo contra Sánchez y su supuesta voluntad de volver a las andadas. Por tanto, golpe bajo a la estrategia electoral del PSOE, que no quiere agitar la cuestión catalana. Ni que lo haga su gente. Con poco éxito en el caso de Iceta. Y en el de Borrell.

El PP y Cs han convertido la hipótesis de Iceta en prueba de cargo contra Sánchez y su supuesta voluntad de volver a aparearse con los separatistas

No ayudó el ministro de Exteriores al ser embestido con la mirada por Tim Sebastian, el talludo follonero británico de la Deutsche Welle (programa internacional). Borrell entró como un mihura sin desbravar. Su soberbia intelectual y el sectarismo del periodista echaron leña al fuego de la hoguera electoral y causaron alborozo sin cuento en el mundo independentista. El ministro irascible no le ha hecho ningún favor a su jefe.

Le falta capacidad de encaje y le sobra arrogancia en la gestión de sus ataques de contrariedad. Claro que el entrevistador venía conectado a los marcos mentales de Torra y compañía. Se suponía que el ministro venía toreado en toda clase de plazas y acaba de sufrir un innecesario revolcón con la excusa tonta de que fue “un acto de firmeza ante un interrogatorio”.

Ya, pero Iván Redondo sabe que la ira no vende. Y que Borrell le ha hecho un favor a la tramposa propaganda del independentismo.

Al Grano

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