Sánchez, 'superstar'

La hipótesis de un eventual Gobierno PSOE-Ciudadanos dejaría en la cuneta a Unidas Podemos y sería saludada por los jerarcas de la Unión Europea. Esto está muy claro

Foto: Sánchez celebra el triunfo. (Reuters)
Sánchez celebra el triunfo. (Reuters)

Se confirmó la certeza: gana Pedro Sánchez. Pero se mantiene la incógnita de si finalmente querrá apoyarse o no en quienes aspiran a reventar el Estado. No es inevitable.

El presidente del Gobierno en funciones y líder socialista fue el indiscutible triunfador de la noche. El método: la ocupación del centro deshabitado y la utilización del miedo como instrumento movilizador. Suficiente para obtener los mejores resultados del PSOE desde las elecciones de 2008.

Ahora tendrá una opción (teóricamente, con Ciudadanos) para gobernar con cierta holgura sin pasar por las horcas caudinas del separatismo catalán. Lo cual es en si mismo una excelente noticia, pues devolvería a su espacio natural el reto de la convivencia entre catalanes, que ha de ser necesariamente previo al órdago independentista frente al Estado español.

Por el contrario, el llanto y crujir de dientes se instaló anoche en la sede del PP. El aznarismo-casadismo, como alternativa superadora de la apatía ideológica del caído Rajoy, ha traído causa del hundimiento del partido en las urnas del 28 de abril. Fracaso sin paliativos de su joven líder, Pablo Casado, que después de perder casi cuatro millones de votos queda a los pies de los caballos.

El desplome del PP, que pierde la mitad de los escaños conquistados en las elecciones de 2016, permite a Albert Rivera y Santiago Abascal presentarse como ganadores en el bando de la derecha. Ciudadanos refuerza sensiblemente su posición en el Parlamento (pasa de 32 diputados a 57). Y Vox, con sus 24 escaños, confirma la irresistible ascensión que anunciaban todas las encuestas. Pero la indiscutible victoria electoral del PSOE va a cursar como desactivador del miedo europeo a un peligroso contagio del populismo en la política española. Otra buena noticia del recuento de anoche.

En cuanto al partido escolta por la izquierda, Unidas Podemos, sus 35 diputados (42, con la singularizada sucursal catalana) suponen un claro retroceso del partido de Iglesias. No le dan para celebrar nada, aunque pueda legítimamente reclamar su entrada en el Gobierno. Está por ver.

En cuanto al partido escolta por la izquierda, UP, sus 35 diputados (42, con la singularizada sucursal catalana) suponen un claro retroceso

Arruinada totalmente la posibilidad de un Gobierno de las tres derechas, los números de anoche cantan una sobrada mayoría absoluta de la combinación soñada por los poderes fácticos y denostada en principio por las partes concernidas.

Tanto Sánchez (“no está en mis planes”) como Rivera (“lo prioritario es echar a Sánchez”) fueron demasiado lejos en la expresión del mutuo rechazo. Es un inconveniente, no un impedimento, aunque los seguidores socialistas gritaran anoche el “¡con Rivera, no!”. Rivera, en todo caso, seria prescindible y Sánchez dijo anoche que no piensa poner cordones sanitarios “a nadie”. Cosas más raras hemos visto en política.

La hipótesis de un eventual Gobierno PSOE-Ciudadanos dejaría en la cuneta a Unidas Podemos y sería saludada por los jerarcas de la Unión Europea. Esto está muy claro. Así que no descartemos que pueda abrirse paso ante la tóxica posibilidad de que la gobernabilidad quede condicionada por una fuerza política cuyo objetivo es expulsar al Estado de una parte del territorio nacional, en referencia a un apareamiento de los socialistas con la ERC de Oriol Junqueras.

Lo deseable es que el mandato de la gobernabilidad, pendiente de aplicación desde diciembre de 2015, se imponga a la tentación de sumar con el separatismo. La generalizada sed de estabilidad no debería supeditarse a la particular sed de poder de un líder o un partido.

Al Grano
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