Juegos florales en la Moncloa

Casado y Sánchez habían dispuesto arbitrariamente que todo iría sobre ruedas con la abstención de Ciudadanos en la investidura y la renuncia de Podemos a entrar en el Gobierno

Foto: Pedro Sánchez, junto a Albert Rivera. (EFE)
Pedro Sánchez, junto a Albert Rivera. (EFE)

Inesperadamente juiciosos, el presidente en funciones y el líder del PP, Pedro Sánchez y Pablo Casado, han formulado una ecuación sobrada de voluntarismo: Gobierno monocolor de relaciones abiertas, con Podemos de socio preferente, que aporte estabilidad y que no le deba nada al nacionalpopulismo. Ya, y también dos huevos duros.

Ecuación formulada el lunes y reventada el martes. Casado y Sánchez habían dispuesto arbitrariamente que todo iría sobre ruedas con la abstención de Ciudadanos en la investidura y la renuncia de Podemos a entrar en el Gobierno.

Pero ayer por la mañana, Rivera dio la réplica. No está por la labor. Lógico. A nadie le gusta trabajar al dictado de otros. Y menos en política. Así que los juegos florales de Moncloa se van a quedar en eso, a la espera de que Iglesias Turrión desvele los insinuados acercamientos (¿?) en su encuentro de ayer por la tarde. ¿Por fin pisará moqueta en el Gobierno del Estado? Lo dudo, pero el líder de Podemos no fue explícito tras sus dos horas y cuarto de conversación con Sánchez.

Juegos florales en la Moncloa

La buena noticia fue el piadoso deseo compartido por el tándem Sánchez-Casado, en nombre de una gobernabilidad impuesta a consideraciones de partido. La mala, que el piadoso deseo no se confirmó el martes. Rivera anuncia que no apoyará la investidura porque no acepta el papel de costalero, mientras que Iglesias quiere sindicación de sillones y no de programas.

La buena noticia fue el piadoso deseo compartido por el tándem Sánchez-Casado, en nombre de la gobernabilidad

Lo extraño es que, cuando las urnas del 26 de mayo aún no han destapado todas las cartas (está en juego el formidable poder municipal y autonómico), tanto Casado como Rivera e Iglesias se hayan prestado a estos juegos florales a sabiendas de que estaban adorando por la peana al aspirante Sánchez. De momento, solo un candidato a repetir como presidente del Gobierno, a expensas de que el Congreso le otorgue o no la confianza.

La ronda ha sido un hablar por hablar, sin que el elefante haya desaparecido de la habitación. De Casado solo tenemos un aparente propósito de enmienda respecto al insidioso discurso, compartido con Rivera hasta hace solo 10 días, que consiste en presentar al aún presidente en funciones como vergonzante socio del independentismo catalán.

Pero los dirigentes de Ciudadanos no se apean, mientras insisten en castigar al independentismo con un nuevo 155. Necesitan ese salmo para alimentar su protagonismo como competidores del PP por el liderazgo de la oposición. Ayer mismo, Inés Arrimadas volvía a procesar las intenciones de Pedro Sánchez respecto al indulto de unos dirigentes separatistas cuyo enjuiciamiento ni siquiera se ha consumado.

El propio Rivera, cuyo paso por Moncloa no estuvo marcado precisamente por la sintonía, sigue pregonando la sospecha de que Sánchez volverá a entenderse con “los que quieren romper España”.

El propio Rivera sigue pregonando la sospecha de que Sánchez volverá a entenderse con “los que quieren romper España”

Y ahí es donde Pablo Casado, en su inesperado descubrimiento de la moderación como resorte de su vuelta al centro, le ha mostrado la forma de desactivar la sospecha: “Nosotros no podemos hacerlo, pero entendemos que otros lo hagan”. Así sugiere a Ciudadanos, en complicidad con Sánchez, que en su mano queda impedir que el PSOE vuelva a las andadas.

Al Grano
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