La parte que brilla en el epitafio de Rubalcaba

Desaparece un político de cabeza y corazón, socialista de genes y biografía, figura del Estado, persona cabal y un buen hombre

Foto: Alfredo Pérez Rubalcaba en una foto de archivo. (EFE)
Alfredo Pérez Rubalcaba en una foto de archivo. (EFE)

Se nos fue Alfredo. Se nos fue sin alcanzar a concebir en su cruel literalidad el salmo propio que le atropella tras el hachazo invisible y homicida del miércoles por la tarde: “¡Qué bien enterramos en este país¡”. Hasta Cayo Lara debe estar arrepentido de haber entrado un día en tu despacho al grito de “¡Eres un traidor a la clase obrera¡”.

Desaparece un político de cabeza y corazón, socialista de genes y biografía, persona cabal, un buen hombre. “¿Lo ves?”, decías como remate de tus seductores razonamientos. También se va el amigo que aplacaba mi ansiedad ante el achaque inesperado: “Tranquilo, que los médicos lo curan todo”. Te equivocaste. Y no fue la primera vez, como voy a explicar para aparentar que no me gustan las medallas a título póstumo.

También se va el amigo que aplacaba mi ansiedad ante el achaque inesperado: "Tranquilo, que los médicos lo curan todo". Te equivocaste, Alfredo

Mucho analista desorientado veía en Rubalcaba a un ejemplar tardío de la política florentina. Craso error. De haber sido maquiavélico, como se decía, nunca se hubiera permitido tantas equivocaciones a cara descubierta. A saber: apoyar a Almunia frente a Borrell (1998), a Bono frente a Zapatero (2000). Y a Susana frente a Sánchez (2017). O, por ir a lo último, heredar la bancarrota socialista y marchar hacia una derrota segura como candidato a la Moncloa (noviembre de 2011).

Patinó en las cuatro apuestas. Sobre todo en la cuarta y última, antes de volver a sus matinales clases de Química Orgánica en la Universidad. Eso sí, nunca perdió la lucidez. El mismo llegó a decir que al asumir la carga (sucesión de Zapatero) también estaba asumiendo el cambio de su epitafio político. Ya no pasaría a la historia como “el ministro que acabó con ETA” sino como “el candidato socialista con peor resultado”.

¿Quién puede detectar la huella de Maquiavelo en un dirigente que heredó la bancarrota socialista porque "se lo debía al partido"?

¿Quién puede detectar la huella de Maquiavelo en un dirigente que aceptó aquel sacrificio porque “se lo debía al partido”. También en eso se equivocó. Primero, porque los resultados del PSOE siguieron a la baja en 2015 y en 2016. Y segundo, porque el perfil de hombre de Estado brilla en su epitafio mucho más que las cuitas de partido, según estamos comprobando. Hasta los adversarios cercanos o lejanos le reconocen su historial de servicio a los intereses generales.

Si hablamos de la operación de Estado que condujo a la derrota de ETA, recordemos que estuvo en el principio (diciembre 2000, pacto antiterrorista) y en el fin (octubre de 2011). Primero desde la oposición, apoyando al Gobierno Aznar. Y luego desde el Gobierno, frente a un insidioso discurso del PP.

Rubalcaba tuvo la vergüenza torera de dimitir ante los malos resultados socialistas en las elecciones europeas de mayo de 2014, una semana antes de la abdicación del Rey. Pero, consciente del trauma institucional que se avecinaba con la abdicación de don Juan Carlos, el máximo responsable de la oposición parlamentaria acordó con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que no abandonaría el liderazgo del PSOE (27 julio 2014) hasta ver consumado en la persona de Felipe VI el delicadísimo proceso de acceso al trono (19 junio 2014).

Hasta los adversarios cercanos o lejanos le reconocen su historial de servicio a los intereses generales, propio de un hombre de Estado

Incluso contra su propio interés, como candidato de izquierdas a la Moncloa, asumió la constitucionalización de la estabilidad presupuestaria (articulo 135 de la CE) pactada previamente, en nombre de la razón de Estado, por el entonces presidente Zapatero con el jefe de la oposición, Mariano Rajoy.

Y, en fin, el interés general, no el de partido, volvió a ser el móvil de su apuesta por la gobernabilidad del país en octubre de 2016, cuando la investidura de Rajoy salio adelante con la abstención de los socialistas (todos menos 15, que persistieron en el “no es no”). Me consta el apoyo activo de Rubalcaba a la línea marcada por su amigo, Javier Fernández, entonces presidente interino del PSOE (octubre 2016-mayo 2017), tras el abrupto derrocamiento de Pedro Sánchez.

Al Grano
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