Sánchez, un salvavidas para la socialdemocracia europea

¿Será todo tan de color de rosa como se ve en una noche de euforia electoral, solo empañada por el retorno de la derecha al Ayuntamiento de Madrid?

Foto: Sánchez y Borell. (Reuters)
Sánchez y Borell. (Reuters)

Anoche nació el líder de la socialdemocracia europea y se confirmó el reanimador de un PSOE desahuciado tras la dimisión de Rubalcaba a raíz del hundimiento socialista en las elecciones europeas de hace cinco años. Quién se lo iba a decir a Pedro Sánchez, después de haber sido desahuciado el mismo como líder socialista.
En su comparecencia ante los medios, en una sede de Ferraz abarrotada de informadores, se ofreció como el abanderado de Europa contra la amenaza de la ultraderecha. Empezando por España. Advierte de entrada sobre la responsabilidad en la que incurre el PP si pretende basar su menguado poder territorial por encamamiento con Vox.

Se lo puede permitir. Confirma para el PSOE la distancia de doce puntos en su relación de fuerzas con el PP, recupera sustanciosas porciones de poder territorial, hace creíble su apuesta por la Europa social y fija su hoja de ruta sobre carriles de “ justicia social, convivencia y limpieza democrática”.

¿Será todo tan de color de rosa como se ve en una noche de euforia electoral, solo empañada por el retorno de la derecha al Ayuntamiento de Madrid?

El reto es la estabilidad, en un país que anda escaso de certidumbres desde las elecciones de 2015 y tiene muchas pendientes demasiadas reformas estructurales que, por requerir mayorías cualificadas, seguirán siendo inabordables sin pactos de Estado. En ese sentido Sánchez emplaza a los partidos políticos, sobre todo a los del bloque constitucional, a que aparquen las dinámicas electorales y se pongan al servicio de los intereses generales.

Pero no es un buen principio haber designado “socio preferente” (inevitable, diría yo) a un partido político que pone en cuestión al más sólido factor de estabilidad, que es la Monarquía, y no vería con malos ojos un referéndum que contemplase la escisión de una parte del territorio nacional. Por supuesto, hablo de Unidas Podemos, cuya posición negociadora con Moncloa no sale precisamente reforzada en las urnas del domingo.

En cuanto a los partidos constitucionales propiamente dichos, tendrían que renunciar a su insidioso discurso sobre supuestos pactos con el independentismo catalán. Especialmente el PP, que es partido de gobierno y cuenta con cierta complicidad de Sánchez para ejercer como principal fuerza de la oposición.

¿Será todo tan de color de rosa como se ve en una noche de euforia electoral, solo empañada por el retorno de la derecha al Ayuntamiento de Madrid?

Pudiera operarse ese milagro sobre la tozudez de unos resultados europeos – macroencuesta de treinta y tantos millones de votantes en circunscripción única-, que han ampliado considerablemente la ventaja del PP sobre Ciudadanos (la mínima diferencia de un punto en las generales se ha ampliado a ocho).

Pablo Casado tiene la palabra, después de haber salvado los muebles en Madrid respecto a su discutido liderazgo. La carga simbólica de la Comunidad y el Ayuntamiento de la capital de España le servirá a para camuflar sus evidentes derrotas territoriales dar ayer.

Al Grano
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