La socialdemocracia resiste en España

Al contrario de quienes lamentan la excepción española en la pervivencia del socialismo democrático, es buena noticia que, a la vista de los resultados del 26-M, no se haya hundido

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, atiende a los medios a su llegada a la sede del Consejo Europeo en Bruselas. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, atiende a los medios a su llegada a la sede del Consejo Europeo en Bruselas. (EFE)

Un oscuro personaje de los circuitos mediáticos habla de la pervivencia del socialismo en España como una “anomalía”. Lo dice con pesar, claro, desde su cronificada aversión a la izquierda. Y no es el único.

Otros, en cambio, celebramos que, por encima de los nombres de dirigentes, y de disidentes siempre vivos en el PSOE, un partido con 140 años de historia a las espaldas haya superado el peligro de italianización sufrido tras el 'zapaterazo'.

Memoria amarga de las nueve dolorosas e impopulares medidas tomadas por un Gobierno socialista (mayo de 2010) al dictado de los jerarcas de Bruselas. Un cruel e inesperado recorte social. El mayor de nuestra reciente historia. De muy difícil digestión para afiliados y votantes de una organización comprometida con las capas más desprotegidas de la sociedad.

Casi una década depresiva ha transcurrido hasta que otro secretario general pudiese personalizar dos noches electorales ganadoras. De la bancarrota heredada por Rubalcaba (DEP) en mayo de 2011 a la aparición de un líder creíble de la maltrecha socialdemocracia europea en mayo de 2019.

Como presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez fue ayer un primer actor en los contactos de socialistas, liberales y populares sobre el reparto de cargos institucionales, a la vista de la nueva orografía parlamentaria europea. Y ya puede permitirse alzar en Bruselas la bandera de la Europa social, encabezar una campaña contra la ultraderecha y recuperar la influencia perdida por el Reino de España en el seno de la UE.

Son hechos objetivos en el haber de un partido. Pero cimentados sobre una descarnada confrontación interna entre dos formas de entender el servicio a los intereses generales. Las dos almas de siempre en el PSOE. Desde su fundación como fuerza obrera en la clandestinidad (1879): Jaime Vera frente a Pablo Iglesias en los inicios, Daniel Anguiano frente a Fernando de los Ríos más tarde, Prieto frente a Largo Caballero luego, Alfonso Guerra frente a Felipe González ya en democracia y, en lo inmediato, Susana Díaz frente a Pedro Sánchez.

Atrás quedan episodios cargados de tensión, como la disputa por heredar a Zapatero (Chacón frente a Rubalcaba, ambos desaparecidos), las primarias para suceder a Rubalcaba (Eduardo Madina frente a un Sánchez amadrinado por Susana Díaz) o el derrocamiento de Pedro Sánchez (sí, inspirado por Susana), en lo que Antonio Hernando calificó de “comité federal de Puerto Urraco”, por el brillo de las navajas, más que nada. Y, en fin, las primarias de Sánchez frente a Susana Díaz, con juego sucio propio de un tiempo políticamente borrascoso.

España ha visto pasar los mejores años de su historia sobre el buen funcionamiento de una centralidad política asentada en PSOE y PP

Al contrario de quienes lamentan la excepción española en la pervivencia del socialismo democrático, es buena noticia que, a la vista de los resultados de las elecciones europeas y territoriales del domingo pasado, no se haya hundido, como en Francia, Alemania, Italia…

España ha visto pasar los mejores años de su historia sobre el buen funcionamiento de una centralidad política asentada en dos pilares: PSOE a la izquierda y PP a la derecha. Ambos se han intercambiado la euforia y la depresión por ciclos referidos a noches electorales (1982, 1996, 2004, 2011 y 2019). Ahora les toca celebrar a los socialistas.

Doce puntos porcentuales de ventaja sobre el PP, que se han confirmado en las últimas elecciones europeas (macroencuesta de treinta y tantos millones de votantes en circunscripción única), mientras los partidos 'escolta' (Podemos, Ciudadanos y Vox) cotizaban a la baja en esta segunda vuelta de las generales. Así que también es saludable que el PP haya dado muestras de querer sobreponerse a la tentación depresiva.

En ambos partidos hay capital humano, tejido organizativo y experiencia de gobierno. Que la matemática de las urnas no derrote al sentido de Estado cuando acaba de abrirse en canal la dinámica del reparto del poder a escala nacional, autonómica y municipal.

Al Grano
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