¿Progresía o estabilidad? Sánchez se lo está pensando

Sería insoportable una situación de bloqueo como la que degradó la vida política tras las elecciones de diciembre de 2015. España no se lo puede permitir

Foto: El secretario general de Podemos. (EFE)
El secretario general de Podemos. (EFE)

Lo dice el ministro Ábalos mientras bracea entre cámaras y micrófonos. Gobierno progresista, sí. Gobierno estable, también. Dos términos de una ecuación abierta. La progresía la aporta Iglesias, con borrador de BOE en una mochila cargada de derechos sociales. Pero la estabilidad depende de la aritmética parlamentaria, y esa clave la tiene Ciudadanos.

Con el reparto del poder nacional, autonómico y local abierto en el mapa político más fragmentado de nuestra historia democrática, las dudas se amontonan. Y las preguntas, también: ¿puede permitirse España otros cuatro años de semiparálisis institucional por incapacidad de sus actores para formar una mayoría sólida al servicio de los intereses generales?

Sería insoportable una nueva situación de bloqueo como la que degradó la vida política nacional tras las elecciones de diciembre de 2015. Evitarlo está en manos de Pedro Sánchez, cuyo partido ha sido visto por los españoles como un dique frente al alarmante proceso de banalización de la vida pública.

Ahora sabremos si el presidente del Gobierno en funciones es un estadista. Tiene la oportunidad de desmentir a quienes dentro y fuera del PSOE siguen viéndolo como el resultado de una eficaz operación de marketing político sin haber demostrado aún si realmente sabe o no sabe gobernar.

Cinco minutos después del recuento del 26 de mayo (europeas y territoriales) recomendó a los partidos escolta una revisión de sus respectivas estrategias. Cambiar de estrategia es pragmatismo. Pero cambiar de principios es incoherencia. Esas cosas se acaban pagando en las urnas. Un 'stress-test' para Podemos y Ciudadanos, cuyo punto de partida es exigencia de coalición con el PSOE en el uno y veto al "sanchismo" en el otro.

Sánchez tiene la oportunidad de desmentir a quienes siguen viéndolo como el resultado de una eficaz operación de marketing político

No es forma de empezar bien las partidas simultáneas. Inmediato acuse de recibo: Iglesias Turrión sugiere que sin entrar en el Gobierno no apoyará la investidura de Sánchez y Rivera se viene arriba redoblando su apuesta antisanchista.

El dilema está servido. Hay que optar. Certidumbre institucional y estabilidad garantizada (183 diputados) en un Estado amenazado por el grave reto independentista. O frágil gobernabilidad teñida de progresismo malavenido.

En Moncloa se lo están pensando. Sin dejar de mirar a los otros tableros, autonómico y municipal, donde se detecta una tendencia a romper los bloques enfrentados. Tanto el de izquierda-derecha a escala nacional, sacudido por Errejón en Madrid, como el independentistas-constitucionalistas en Cataluña, sacudido por Manuel Valls en Barcelona.

Cambiar de estrategia es pragmatismo. Cambiar de principios es incoherencia, que se acaba pagando en las urnas. Un 'stress-test' para Podemos y Cs

En Madrid se libra un duelo de líderes a través de sus respectivas apuestas personales. "Pablo Casado está dispuesto a hacer lo que sea por conservar Madrid", me dicen en las alturas del PP. Y en la capital de Cataluña aparece la doctrina Valls. De inmediata aplicación a los tres partidos constitucionalistas, abocados a elegir entre lo malo (Colau) y lo peor (Maragall).

Si de verdad el PSC y Cs se toman en serio la deriva "totalitaria" del independentismo (Borrell dixit) y su desafío a la legalidad, abrazarán las tesis del exprimer ministro francés.

Al Grano
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