Rivera tiene la llave de la gobernabilidad

"O aprendemos a confluir con los que tenemos coincidencias, o habrá elecciones cada seis meses", dice Angel Gabilondo

Foto: El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)

Además de candidato a presidir la Comunidad madrileña, Ángel Gabilondo es profesor de Metafísica. Lo suyo es filosofar. Sostiene que si los políticos son incapaces de educar a la realidad, como ocurrió tras las elecciones de 2015 y 2016, la realidad educará a los políticos. Se lo oigo decir en estos términos: “O aprendemos a confluir con los que tenemos coincidencias o habrá elecciones cada seis meses”.

Es una forma de valorar el fin de las mayorías absolutas, la fragmentación del mapa parlamentario y el hambre atrasada de gobernabilidad que arrastramos. Debidamente actualizada, la doctrina Gabilondo constata el problema existencial del PSOE: ¿Con quién o quienes piensa gobernar?

El dilema se le viene encima a Pedro Sánchez un minuto después de su “sí es sí” del jueves noche al color socialista del futuro Gobierno. Pero hay una lógica invencible respecto a la necesidad de ampliar su exigua base parlamentaria (123 sobre 350) con la complicidad de las tres fuerzas políticas que, junto al PSOE, son las únicas que pueden facilitar o impedir la investidura encargada por el Rey al candidato socialista.

El dilema de Sánchez: ¿Gobierno progresista con socio inestable a su izquierda o Gobierno estable con socio a su derecha?

Se refiere a PP, Cs y UP. Los únicos que pueden "apoyar" o "bloquear" la investidura, hagan lo que hagan los demás. Utilizó Sánchez esas dos palabras. Dejó elíptica una tercera: “permitir” (léase abstención a la hora de votar), que rondará los tratos del cuadrilátero constitucional a partir del martes.

La situación de partida es de bloqueo. Tanto el PP como Cs se han instalado en el “no” y la teórica alianza de la izquierda (PSOE-UP) es matemáticamente insuficiente (165 diputados). Si tenemos en cuenta que Sánchez asume la primacía del PP como principal partido de oposición y que no quiere tratos con el independentismo catalán, con Bildu, ni con Vox, el foco se centra en el partido de Albert Rivera.

Es quien tiene la llave de la gobernabilidad. Desde dentro o desde fuera. Y Moncloa no deja de emitir llamamientos al consenso (“más allá de proyectos partidistas”) y a la “altura de miras”, con señales de que se prioriza la gobernabilidad, como condición necesaria de la estabilidad, por encima de otras consideraciones. Incluso de las que apuntan a la conquista de avances propios de la izquierda en materia social.

La situación de partida es de bloqueo. Tanto PP como Cs se han instalado en el "no" y la teórica alianza de la izquierda es muy insuficiente

Así planteado, el dilema de Sánchez es: ¿Gobierno progresista con socio inestable a su izquierda (Podemos se descompone) o Gobierno estable con socio a su derecha?

El presidente en funciones y otros dirigentes socialistas, han dejado de hablar de UP como “socio preferente”. La coletilla siempre colgó del anunciado modelo de gobierno: “Monocolor, progresista, de relaciones abiertas y Podemos de socio preferente”, se hartaron de decir tras las elecciones del 28 de abril. Lo de “preferente” se ha caído.

Los dirigentes de Cs, a su vez, han desalojado de su discurso la insidiosa diferenciación entre socialismo y sanchismo, de modo que decían sí al PSOE pero no a Sánchez, como si los goles que marcan al equipo no fueran los que marcan a su portero. Al final, las mismas rayas rojas que en el PSOE: ni independentistas catalanes, ni Bildu, ni ultraderechistas de Vox.

Pablo Echenique lo ha percibido. Dice en voz alta lo que su jefe, Iglesias Turrión, empecinado en pisar moqueta ministerial, se resiste a admitir: “El PSOE prefiere gobernar con Ciudadanos, e incluso con aportaciones del PP”, según el ya cesado secretario de Organización de Podemos.

Al Grano
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