Órdago de Sánchez y razón de Estado

En vez de predicar las ventajas de la gobernabilidad, Sánchez predica los inconvenientes de otro bloqueo como el de 2016

Foto: Rueda de prensa de Pedro Sánchez. (EFE)
Rueda de prensa de Pedro Sánchez. (EFE)

En Ciudadanos hacen como si no hubieran oído al expresidente del Gobierno, al pedirles que hagan el esfuerzo de entenderse con el PSOE. Rajoy apuesta por un Gobierno estable sobre una mayoría sólida. Cuanto antes. Por el bien del país.

El planteamiento del candidato no es tan positivo. En vez de predicar las ventajas de la gobernabilidad, Sánchez predica los inconvenientes de otro bloqueo como el de 2016. Y lanza un órdago con todas las de la ley. Sugiere que pedirá la confianza de la Cámara por encargo del Rey aunque, si es el caso, sepa que no la va a conseguir.

Se trata de poner a prueba el compromiso de los demás (menciona al PP, Cs y UP) con la razón de Estado. Y crear las condiciones para que los partidos de más acreditada adhesión constitucional respondan ante los españoles y paguen las consecuencias de una investidura fallida.

El juego no ha hecho más que empezar. Los interpelados son Casado y Rivera, que siguen instalados en el “no es no” mientras que Sánchez se ha instalado en el reproche preventivo: “¿Qué están proponiendo? ¿Un bloqueo? ¿Unas nuevas elecciones?”, se preguntaba ayer en Bruselas. Lo suyo es presentar un programa de Gobierno. Lo de ellos, contribuir con altura de miras a la estabilidad de España. Eso dice.

Rajoy se suma a las voces del mundo empresarial, un sector de Cs y muchos españoles con hambre atrasada de estabilidad política

A Sánchez le ha salido un cómplice inesperado. Rajoy comparte el llamamiento y lo orienta hacia Cs. No hacia el PP. Y mucho menos hacia Podemos, que es un partido en descomposición y tampoco suma lo suficiente con el PSOE. Está cargado de sentido político, pero choca con la ilógica resistencia de Cs a asumir su condición de partido bisagra y con su ilógico empeño en actuar como si fuera alternativa de poder.

Así el expresidente se suma a las voces del mundo empresarial, un sector del propio partido de Rivera y muchos españoles con hambre atrasada de estabilidad política. Predicadores en el desierto hasta ahora. Con evidentes y tal vez irreparables daños en la imagen del partido naranja, cuya estrategia se ha convertido en un arcano indescifrable.

Sus contradicciones, bandazos y cabeceos se han convertido en lugar común de los analistas. En el eje izquierda-derecha ya es percibido en el punto 8 de la tabla (10 es la extrema derecha), cuando hace un año se ubicaba en el 5 (centro-centro).

Moncloa quiere que los partidos de más acreditada adhesión constitucional paguen las consecuencias de una investidura fallida

Así es el partido de Rivera. Regala moqueta a Vox y se abstiene de frenar a los separatistas en Barcelona. Quiere disputarle al PP los caladeros electorales de la derecha, pero refuerza el poder territorial de su competidor.

Lo penúltimo ha sido desdecirse de su coreada aversión al separatismo catalán. Rompió con Valls cuando este, eligiendo el mal menor, cerró el paso del independentista Maragall al trono municipal de Barcelona. Y lo último, dedicar miradas distraídas a la posibilidad de que el independentismo facilite la investidura de Sánchez si Rivera, como parece, acaba lavándose las manos en la cuestión de la gobernabilidad.

Lo cierto es que, aparte de tres diputados regionales (valenciano, cántabro y aragonés), solo ERC y Bildu han insinuado su disposición a abstenerse. Lo hagan o no, son decisivos en la estrategia de Moncloa, que consiste en exponer al PP y a Cs al juicio de la opinión publica. ¿Quieren librar a Sánchez de los independentistas o prefieren echarlo en sus brazos para seguir acusándole de ser un 'vendepatrias'?

Al Grano
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