Los 'indepes' ya no sonríen

Se apuñalan en la Diputación de Barcelona, se separan en el Congreso y no logran una respuesta común a la sentencia condenatoria del "judici"

Foto: Foto: Reuters
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"Nuestros partidos han de comenzar a notar que ya no sonreímos", dice el clarinazo de las organizaciones civiles del independentismo contra el pacto de JxCAT con un partido del 155 (el PSC de Iceta) en la Diputación de Barcelona.

El retablo mayor de El Confidencial confirmaba ayer los motivos del malestar agravado por la creciente sensación de impotencia frente a la solidez del Estado: el TSJC sienta en el banquillo a Torra, el Supremo confirma la suspensión de Puigdemont y el fiscal impide a Forn volver a escenarios públicos.

Amén de una bien documentada pieza de Antonio Fernández sobre la crisis del soberanismo y la lucha por la hegemonía entre los seguidores de Puigdemont desde el autodestierro y los de Junqueras desde la cárcel. A ver cual de las dos modalidades del todo por la patria acaba siendo más rentable en las urnas.

Puigdemont desde el "exilio" y Junqueras desde la cárcel: dos modalidades del todo por la patria y su rentabilidad en la disputa por la hegemonía

En su forzoso camino de vuelta a la realidad van a topar con la sentencia del 'judici'. Sin trazas de poder alcanzar una respuesta común, solo comparten la convicción de que el fallo será condenatorio. En sus marcos mentales ya no encaja la absolución como único desenlace admisible. "Nos han ganado una partida que era imposible que ganásemos", ha dicho el abogado de Junqueras.

Hasta Joan Tardà ha desistido de anunciar las siete plagas sobre el Reino de España si la sentencia no es de libre absolución con todos los pronunciamientos favorables a los responsables de la doble trama política y civil del 'procés'. El Estado no perdona. "Generoso, puede ser, nunca claudicante", como le oí decir al fiscal Maza poco antes de fallecer.

Sin sentencia condenatoria la desconexión con el Estado no sería una extravagancia exclusiva de quienes sueñan con la república independiente de Cataluña. Si la ciudadanía percibiese que sale gratis atentar contra el orden constitucional, so pretexto de que los problemas políticos no se arreglan en los tribunales, poco futuro tendrían las instituciones, empezando por la Justicia. Nadie dice que los tribunales pretendan arreglar un problema político, aparte de Martin Pallín y los separatistas.

Si la ciudadanía percibiese que sale gratis atentar contra el orden constitucional, poco futuro tendrían las instituciones, empezando por la Justicia

De las sonrisas a las lágrimas tras "una fase de negación y rabia", como escribe Joaquim Coll. Están a la greña apuñalándose en el reparto del poder territorial. La separación en el Congreso y en el Parlamento Europeo (ERC prefiere a Bildu), el conflicto de la Diputación de Barcelona (Junts pel Sí prefiere a los "españolistas" de Iceta), el voto dividido ante una iniciativa popular reclamando la declaración de independencia, el portazo europeo a Puigdemont, el próximo juicio a Torra por desobediencia, etc., son señales de su problema existencial y su guerra fratricida.

Incapaces de consensuar la reacción al venidero fallo del TS, los seguidores de Torra-Puigdemont (JxCAT) van por un lado y los de Junqueras-Torrent (ERC) por otro. Ambos se trabajan al mundo económico y social de Cataluña. Entre los propios parroquianos los primeros y más transversales los segundos.

Será muy difícil lograr la transversalidad que persigue ERC ante el hecho de que el carácter "represor" del Estado español es una percepción exclusiva del independentismo. Sobre todo, tras los recientes pronunciamientos de los tribunales europeos, que han reconocido a las autoridades españolas la capacidad habilitante de sus eurodiputados y el deber del Estado de defenderse de quienes atentan contra el orden institucional.

Al Grano
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