Sánchez, Iglesias, la "desconfianza" y el papel del Rey

La falta de confianza entre los líderes del PSOE y Podemos ha convertido la vuelta a las urnas y el riesgo de inestabilidad en un mal menor

Foto: Foto de archivo de la reunión en mayo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. (Reuters)
Foto de archivo de la reunión en mayo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. (Reuters)

Pintiparado viene el famoso símil de Thomas Carlyle sobre la insignificancia irlandesa frente al poderío británico. También los guionistas de Sánchez ven a Unidas Podemos como la rata medio muerta que se cruza en el camino del elefante. “¿Qué debe hacer el elefante?”, se preguntaba el célebre pensador inglés (RIP 1881): “Suprimirla, por Dios, suprimirla”. Fin de la cita.

Así cursa en la conciencia política del presidente en funciones el historial de Iglesias Turrión. Todo empezó tras las elecciones de diciembre de 2015, cuando el crecido era él y el cohibido era Sánchez. Ahora es al revés. Y no hay perdón para quien acumula precedentes contra la idea de remar junto al PSOE por “una sociedad de hombres libres e iguales en armonía con la naturaleza” (Sánchez dixit).

Se entiende a balón pasado, cuando aquel grupo de universitarios suplantaron a Hessel y Sampedro por modernos vendedores de crecepelos como Laclau y Lakoff. El ahora declinante líder de Podemos, de aversión declarada al régimen del 78, entonces estaba convencido de que “la clave del poder no está en la calle, sino en nuestras pelotas”.

Todo empezó tras las elecciones de diciembre de 2015, cuando el crecido era Iglesias y el cohibido era Sánchez. Ahora es al revés

Eso decía a sus bulliciosos seguidores mientras reventaba una comparecencia universitaria de Felipe González, mentaba la “cal viva” asociada al felipismo y definía al Congreso como “un Parlamento burgués de mierda”. “Yo voy allí a liarla, a montar el pollo, eso lo tengo claro”, declaraba en diciembre de 2016, poco antes del llamado Vistalegre II.

¿A quien le puede extrañar ahora la apelación de Sánchez a la “falta de confianza” como el muro infranqueable para la formación de “un Gobierno estable con base parlamentaria sólida”? Lo es hasta el punto de colocar la inestabilidad de la política nacional como “un mal menor” (superable en las urnas del 10 de noviembre, según el entorno de Sánchez). Pero los hechos pueden darnos un serio disgusto.

El último Mapa de Riesgo Político de la Unión Europea (marzo 2019), coloca a España entre los países más inestables de nuestro entorno

El último Mapa de Riesgo Político de la Unión Europea (marzo 2019), coloca a España entre los países más inestables de nuestro entorno. Después de publicarse el estudio fuimos a las urnas del 28 de abril, que abrieron dos vías hacia la gobernabilidad. Una, que Sánchez quisiera ser el salvavidas político de Iglesias. Y otra, que Rivera quisiera asumir su condición de partido bisagra.

Como ninguna de las dos cosas ha ocurrido, el diagnóstico respecto a la estabilidad del país no ha mejorado, sino todo lo contrario, mientras crecían los nubarrones a escala nacional e internacional. Y en esa derivada la pelota ha ido a caer a los pies del Rey cuyo poder de arbitraje y moderación respecto al funcionamiento de las instituciones (artículo 56 de la Constitución) de ninguna manera puede desbordar el carácter meramente voluntarista expresado por Felipe VI en Mallorca: “Lo mejor sería encontrar una solución antes de ir a elecciones”.

La pelota está en el Rey, cuyo poder de arbitraje no puede desbordar el voluntarismo de su apuesta por "encontrar una solución antes de ir a elecciones"

Iglesias está muy de acuerdo. Nunca imaginé que un líder político de acreditada intolerancia a la Monarquía iba a aferrarse a esa posición del Rey, reclamando incluso su función mediadora para ablandar a Sánchez en la ronda de consultas anunciada para el lunes y martes.

Pero me temo que, como decía el torero sentencioso, eso ya no puede ser, y además es imposible.

Al Grano
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