Pablo Casado, el alarmista que no leyó a Tucídides

El independentismo furioso quiere boicotear la visita de los Reyes y la jornada electoral del 10-N. A título preventivo, el líder del PP hace responsable a Sánchez de lo que ocurra

Foto: El candidato a la presidencia del Gobierno por parte del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)
El candidato a la presidencia del Gobierno por parte del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)

Pablo Casado, candidato del PP a la Moncloa, insiste en hacer responsable a Pedro Sánchez de los disturbios en la visita del Rey a Barcelona y en la jornada electoral del 10-N. Ambas fechas están en el punto de mira del independentismo furioso, cuyas intenciones sediciosas resultan así coreadas por el líder del principal grupo de la oposición.

Solo el PP y los activistas de Torra se ponen en lo peor respecto al estreno de la infanta Leonor como princesa de Girona y al normal desarrollo de la jornada electoral. Eso nos remite a Tucídides: “La creencia en la inevitabilidad de un conflicto puede convertirse en una de sus principales causas” ('Historia de la guerra del Peloponeso').

Imposible sacar a Cataluña de la campaña electoral, pero al menos los partidos comprometidos con el orden constitucional debieran coordinarse ante quienes pretenden reventarlo. La inculpación preventiva me parece temeraria por parte de Casado, sabiendo como sabe del 'potente' operativo policial (Mossos, Policía Nacional y Guardia Civil, estos sí, coordinados) dispuesto para blindar el Palacio de Congresos, donde hoy se entregan los premios Princesa de Girona, y el hotel Rey Juan Carlos, donde se hospeda desde anoche la familia real.

"La creencia en la inevitabilidad de un conflicto puede convertirse en una de sus principales causas" ('Historia de la guerra del Peloponeso')

¿Es que lo considera insuficiente para desactivar una cabriola más del soberanismo frente al poder del Estado?

Pregunta extensiva al 10-N, con movilizaciones ya convocadas desde la jornada de reflexión. Reto de menor cuantía ante los formidables resortes del sistema para no dejarse acoquinar en materia de orden público. No se dejará, aunque no vendría mal si los agoreros se tatuaran la sentencia de Tucídides, convencidos de que España no se puede permitir una eventual impugnación de resultados por efecto de una jornada violenta.

Son retos de menor cuantía ante los formidables resortes del sistema democrático para no dejarse doblar el brazo en materia de orden público

El sistema democrático se enfrenta a actos de confrontación y desobediencia desde que el TS se pronunció sobre la fallida conjura contra el orden constitucional. Pero el activismo es poca cosa frente a la fuerza de la razón depositada en las instituciones. Siempre a la espera de que el independentismo furioso acabe reactivando el hambre atrasada de orden y seguridad en una inmensa mayoría de catalanes, incluida la parte independentista con creciente sensación de fracaso.

Carles Puigdemont, el autodesterrado, declaraba hace unos días al semanario 'Time' que “el independentismo ha demostrado su fuerza”, en referencia a ese vandalismo televisado que, según Elisenda Paluzie (ANC), visibiliza su protesta contra la sentencia del Supremo. Pero ni media palabra sobre el trabajo coordinado de Mossos con Policía Nacional y Guardia Civil; los 200 detenidos, 30 de los cuales ya están encarcelados; la denuncia de los “fascistas con estelada” (Rufián 'dixit'); el llanto de Carmen Forcadell por la violencia de los suyos, y el desgaste reputacional de la causa a ojos del mundo.

El separatismo quiere aprovechar la visita del Rey a Barcelona y la jornada electoral del 10-N para seguir visibilizando su fuerza en la calle. También el Estado tiene ocasión de hacer visible la suya. El pulso siempre lo ganará ese gran leviatán creado por el miedo del hombre a ser lobo para el hombre, ese artilugio jurídico capaz de domar la tendencia de los hombres a matarse por el poder como en 'Juego de tronos'.

El pulso lo ganará el leviatán creado por el miedo del hombre a ser lobo para el hombre, artilugio para domar la tendencia a matarse por el poder

Con lanzallamas y sin él, Torra-Puigdemont-Junqueras, pero también Pablo Casado, deben saber que el Estado siempre será más fuerte que una república en la nube digital, en la calle, en las caceroladas, en las barricadas de fuego, en un parlamento paralelo o en la calenturienta imaginación de sus trovadores.

Al Grano
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