Independentismo furioso, en jaque de rey

El lanzallamas de Torra no alcanza a Felipe VI, que se alzó sobre las hogueras para nombrar los males de la Cataluña expropiada: violencia, intolerancia y desprecio de las libertades ajenas

Foto: Varios manifestantes queman fotos del rey Felipe durante la protesta por la visita de la familia real a Barcelona. (EFE)
Varios manifestantes queman fotos del rey Felipe durante la protesta por la visita de la familia real a Barcelona. (EFE)

Ocurrió hace dos años en el mes de octubre. Por el desamparo de policías repudiados en algunos hoteles, pasotismo de los 'mossos', hostigamiento a periodistas ajenos a la causa y quema de banderas nacionales, nos temimos la desaparición del Estado en Cataluña. Hasta que reapareció al máximo nivel como última trinchera del orden constitucional. El trono tronó. Y desde entonces, los independentistas están en jaque de rey.

El 3 de octubre de 2017, Felipe VI acabó de hacerse mayor. Firme, sobrio, contundente y exento de concesiones a los causantes del dramático momento. Desleales y fuera de la ley en “inaceptable intento de apropiarse de las instituciones”, vulnerando el orden constitucional, socavando el Estado, dividiendo a la sociedad catalana y menospreciando sentimientos “que nos unen y unirán siempre”. Con especial arropamiento a catalanes no separatistas (“no les vamos a dejar solos”), que se estaban llevando la peor parte en la confiscación de las calles y las voluntades por parte del independentismo.

En 2017, el Estado reapareció al máximo nivel como última trinchera del orden constitucional. Desde entonces, los 'indepes' están en jaque de rey

Furiosos desde aquel memorable clarinazo, los 'indepes' han querido amargar al jefe del Estado represor su visita a Barcelona. Pero el lanzallamas de Torra no alcanza a Felipe VI. El rey de España se alzó por encima de las hogueras de la ira. Lo suficiente para hacerse oír cuando este lunes puso nombre a los males de la Cataluña expropiada. A saber: violencia, intolerancia y desprecio de las libertades de los demás.

Independentismo furioso, en jaque de rey

Son contravalores incompatibles con la democracia. En ellos anida el huevo de la serpiente. En versión posmoderna del 'fascista', abaratado por el uso de la palabra como el modo de simplificar la demonización del otro por aplastamiento de los valores democráticos y totalización del pensamiento ajeno a cargo de un determinado grupo político (en nombre de una nación, una clase social, de una fe religiosa, una raza, etc.).

Creen que la ley y las telarañas, como dijo el filósofo, solo conciernen a los pequeños insectos. Y que los grandes podrán con las leyes y las telarañas

Para los dirigentes y activistas que quisieron reventar el estreno de la princesa Leonor como princesa de Girona, los 'fascistas' son el Rey y quienes asistieron al acto. Dijo la sartén al cazo. Curiosa manera de ejercer los derechos y libertades que exigen mientras se los niegan a los demás, fusilando con la mirada, los escupitajos y las quemas simbólicas en las hogueras del odio.

¿Quiénes son los fascistas?

No nos engañemos. No se arremete contra un Rey sino contra el Estado, por símbolo colocado en el mismo vértice de la pirámide constitucional que el soberanismo quiere derruir. La descortesía de Torra (Govern), Torrent (Parlament) y Colau (alcaldía), ausentes en la entrega de los Premios Princesa de Girona, así como la presencia de dirigentes independentistas entre quienes acudieron a impedir el acceso de los invitados al acto, no expresa un sentimiento antimonárquico más o menos acerado. El jaque de rey es el jaque del Estado de quienes trabajan ilegalmente por la secesión de esta parte del territorio, convencidos de que la ley y las telarañas, como dijo el filósofo, solo conciernen a pequeños insectos, mientras que los grandes siempre podrán con las leyes y las telarañas.

Quemar una foto de Felipe VI equivale a quemar el Estado por arriba. Es como quemar la Constitución o una sentencia del Tribunal Supremo

Por tanto, quemar una foto de Felipe VI equivale a quemar la Constitución o una sentencia del Tribunal Supremo. Es como quemar el Estado por arriba, en pleno brote de esa alucinación colectiva que produce monstruos argumentales. Por ejemplo: calificar de 'provocación' la visita del Rey a una parte del Reino, denunciarla ante la Junta Electoral Central por parcialidad manifiesta en favor de los partidos constitucionales, acusar a los policías de las indeseables consecuencias de un choque con terroristas urbanos, etc.

Continuará.

Al Grano
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