La ocasión de Ciudadanos de volver a meterse en el partido

La aritmética parlamentario brinda a los 10 diputados naranjas la ocasión de impedir que colaboren en la gobernabilidad de un país aquellos que aspiran a romper su unidad

Foto: Reunión del Comité Ejecutivo de Ciudadanos. (EFE)
Reunión del Comité Ejecutivo de Ciudadanos. (EFE)
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Si se deprime la Bolsa por el abrazo de Iglesias Turrión con el presidente en funciones (que vienen los comunistas), imaginen ustedes lo que pasaría si se sumaran como costaleros de Sánchez los separatistas del lanzallamas.

No hay caso por ahora. Tras un primer contacto de Adriana Lastra (PSOE) sostiene Gabriel Rufián (ERC) que los socialistas están muy lejos de renunciar a la voluntad represiva. Buena noticia. No se entendería la aportación a la gobernabilidad de un país por parte de quienes aspiran a romperlo.

La aritmética parlamentaria otorga a los 10 diputados de Cs la ocasión de evitarlo. Y en Moncloa no han perdido la esperanza de incorporarlos bajo la fórmula de "sí" en investidura (abstención en algunas combinaciones manejadas) y geometría variable en la legislatura.

Sería una forma de volver a meterse en el partido, tras la fuga de Albert Rivera. No creen los guionistas de Sánchez que pueda tomarse como última palabra la negativa expresada por los dirigentes de una organización descabezada y pendiente de constituir una comisión gestora. Ni que su declarada incompatibilidad con UP supere la aversión fundacional de los naranjas a las fuerzas soberanistas de Cataluña.

Si Cs sumó sus votos a ERC y JxC en la fallida investidura de Sánchez (julio 2019), no sé por qué no podría sumar ahora sus 10 escaños a los 35 de UP en nombre de la gobernabilidad. Una buena causa en estas circunstancias. Justo cuando las dos principales facciones del independentismo (ERC y JxC) buscan la forma de negociar con voz única un precio inasumible por la investidura de Sánchez.

Con los números en la mano, los 10 escaños de Cs completarían una mayoría tan suficiente como los 13 de ERC. Y si se cierran en banda en el próximo encuentro de Adriana Lastra con Inés Arrimadas, tendrían razón quienes sostienen maliciosamente que el partido naranja vive de la supuesta inclinación de Sánchez a entenderse con los enemigos de España.

No sé si una eventual incorporación de Cs al bloque de la gobernabilidad que se está cocinando desactivaría el chantaje del independentismo furioso ("independencia o barbarie", dicen sus aguerridas falanges de la pólvora), pero reforzaría el derecho del Estado a la legítima defensa mediante las herramientas legales disponibles.

De momento la palabra mágica es "diálogo", que no significa lo mismo a uno y otro lado de la barricada. Si nos atenemos a las reglas marcadas por Moncloa, diálogo no puede ser claudicación en ningún caso. Pero lo sería realmente si quedara desbordado el perímetro legal Constitución-Estatuto de Autonomía, ya roto en las propuestas del independentismo, en fase irascible desde la sentencia del 'judici'.

Su ecuación negociadora de base, con acompañamiento insurreccional en la calle y en puntos estratégicos de la movilidad ciudadana, es inaceptable. A saber: mesa política de igual a igual (Estado-Generalitat) que aborde el derecho de autodeterminación, amnistía de los políticos presos y protocolo que garantice el cumplimiento de los eventuales acuerdos.

No solo rasga el marco legal. También el político, pactado antes por PSOE y UP, con una concluyente línea roja en su declaración conjunta. La que contempla que: a) cualquier fórmula de entendimiento ha de encajar en la Constitución y b) se fortalecerá el estado de las Autonomías.

Al Grano
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