El plan de Sánchez, atado y mal atado

La clave sigue estando en ERC. Por ahora solo se trata de acordar que hay que negociar. Pero la malversación de las palabras tiene vuelo corto, salvo que también haya malversación de principios

Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)

Cuenten ustedes con un sí masivo de la militancia socialista al pacto con Unidas Podemos. Mero trámite. Esta noche sabremos el resultado. Dos culturas políticas distintas, dos formas opuestas de valorar la obra del 78 y el papel de la Monarquía, dos visiones diferentes sobre el problema de Cataluña, y además el riesgo de un presidente de Gobierno con insomnio.

Si a esa fiesta se suma el independentismo catalán, al menos una de las tres familias instaladas en el Congreso (ERC, JxCAT y CUP), el próximo Gobierno estaría sentado sobre una caja de bombas. La preocupación crece tras la deriva violenta de esos partidos. Sus líderes llaman a mantener las “movilizaciones” para presionar al Gobierno del Estado mientras reclaman una mesa negociadora que hable de “autodeterminación” y “amnistía” a cambio de facilitar la investidura de Sánchez.

La conexión Lastra-Rufián funciona a tope. Ya hay cita la semana que viene en Barcelona para negociar de partido a partido

No aparecen claras las intenciones de quererlo evitar a toda costa. Al contrario, la conexión Lastra-Rufián funciona a tope y ya han quedado en verse la semana que viene en Barcelona (seguramente el jueves 28) para negociar de partido a partido. En la delegación del PSOE: Lastra, Illa (PSC) y Abalos. En la de ERC: Rufián, Villalta y Jové.

Por ahora solo se trata de negociar la necesidad de negociar. O sea, acordar que hay que ponerse de acuerdo. Eso bastaría para sacar adelante la investidura. Pero la malversación de las palabras tiene un vuelo corto. Si no hay malversación de los principios, antes o después reaparecerá el foso entre las dos posiciones. A saber: ningún compromiso que desborde la ley, según la doctrina oficial del PSOE. Ningún compromiso que descarte la autodeterminación y la amnistía de los presos, según doctrina oficial de ERC.

Lastra y Rufián, en una reunión en julio. (EFE)
Lastra y Rufián, en una reunión en julio. (EFE)

De ahí el atado y mal atado de unos planes que fían la estabilidad a dos fuerzas cuyo compromiso constitucional es manifiestamente mejorable. O inexistente. Lo primero podría reconducirse. Lo segundo es mortal de necesidad. Desde la izquierda se entiende el concurso de UP frente a los problemas económico-sociales. Pero afrontar el problema territorial de la mano de ERC sería aberrante. No obstante, en Moncloa aún cuentan con sus trece diputados como costaleros de Sánchez.

Salvo un muy improbable alistamiento de Cs, aunque Carmen Calvo se dispone a intentarlo con Inés Arrimadas (tras un primer contacto, la sentada llegará en el tramo final de la ronda), la clave sigue estando en manos de ERC, cuya dirección consultará el próximo lunes a sus militantes: “¿Estás de acuerdo con rechazar la investidura de Pedro Sánchez si previamente no hay un acuerdo para abordar el conflicto político con el Estado a través de una mesa de negociación?”

El “sí” masivo está cantado. Pero deja la pelota a los pies de Sánchez. Si quiere ser presidente con el sí o la abstención de ERC, deberá renegar de su propia doctrina sobre la naturaleza del conflicto. Para empezar, no es de “convivencia entre catalanes”, como él dice, sino “de Cataluña con el Estado”, como sugiere la formulación de la pregunta.

Si quiere ser presidente con el sí o la abstención de ERC, Sánchez deberá renegar de su propia doctrina sobre la naturaleza del conflicto catalán

A riesgo de que Ramoneda cuelgue de Sánchez el sambenito del “fundamentalismo constitucional”, tan abominable como el “fundamentalismo patriótico” de Torra y compañía, según el fino analista, el presidente del Gobierno y sus guionistas deberían exigir la renuncia previa de ERC a reclamar el derecho de autodeterminación.

Si no lo exigen, Sánchez puede ser investido pero se desmentirá a sí mismo y arruinará su credibilidad. Aceleraría el fin de su carrera política. Y si lo exigen, se multiplicarán las posibilidades de volver a las urnas, si la futura comisión gestora de Cs no se suma a última hora al bloque de la gobernabilidad planeado por Moncloa.

Al Grano
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