Sánchez y la feria de las Navidades

La doble ronda de consultas es un pasatiempo ideado por los guionistas del presidente, para entretener la espera, mientras ERC y JxCAT disputan su carrera por la primacía del independentismo

Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)

Quise hablar de la Feria de las Vanidades, que Pedro Sánchez abrirá el lunes que viene, pero el corrector mejoró el original. Y no perdemos nada por relacionar las gozosas fechas venideras con la espiral del absurdo que agita la política nacional, a punto de entrar en su quinto año tonto. Así que mejoremos la realidad informativa aludiendo a esa Feria de las Navidades anunciada por el presidente en forma de doble ronda de consultas con líderes políticos y presidentes autonómicos.

Al Rey le dijo que aún no tiene los apoyos suficientes para pedir la confianza de la Cámara, pero espera tenerlos después de escenificar esos contactos. Los partidistas, con jefes de fila de confesada adhesión constitucional, a partir del lunes, con Casado (PP) y Arrimadas (Cs). Y los institucionales, por escalafón histórico, a golpe de teléfono, empezando el martes con Urkullu (País Vasco), que precederá a Torra (si es que descuelga) y seguirá con los demás, que van de relleno.

Esta ocurrencia de los guionistas de Sánchez es en realidad un pasatiempo. Nunca mejor dicho. Debidamente calculado para entretener la espera. Hasta que ERC y JxCAT se aclaren en su grotesca carrera de sacos por la primacía en el campo independentista. Antes necesitan saber sobre la euroorden de Puigdemont, la inmunidad de Junqueras, el Barça-Madrid, el congreso de ERC y posible inhabilitación de Torra por desobediencia.

Retribuir la complicidad de un partido dispuesto a devorar el Reino de España es alimentar al chacal. Como un 155 al revés

A pantalla pasada los negociadores socialistas esperan estar en mejores condiciones de conseguir la abstención de los 13 diputados de ERC que Sánchez necesita para seguir en Moncloa. En ellos tiene puesta fija la vista para que la aritmética parlamentaria le sea propicia. Que además sirva para dotar a España del periodo de "estabilidad" y "certidumbre" que necesita, según él mismo ha reclamado, ya es otra cosa.

No quiere gobernar con ERC sino gracias a ERC. Pero eso tiene un precio. Y pagarlo mejora la suerte de un partido dispuesto a devorar el Reino de España. Es como alimentar al chacal, o como poner el futuro de España en manos de un sedicioso. La derivada puede ser la de un mayor empoderamiento del independentismo, con efectos de un 155 al revés. Insufrible paso adelante de unas fuerzas secesionistas que, por absurdo que parezca, están en condiciones de bloquear o desbloquear la gobernabilidad en función de que se les reconozca o no el derecho a declarar la independencia en una parte del territorio nacional.

Se ha instalado la certeza de que finalmente los 13 escaños de ERC, por abstención, serán los facilitadores del Gobierno Sánchez- Iglesias. No sabemos cuál será el precio. Y nos preguntamos si es creíble el presidente en funciones cuando sugiere que su mentada "seguridad jurídica" es en realidad la garantía de que ningún posible acuerdo desbordará el marco constitucional y estatutario.

Asistimos a una disparatada espiral de conjeturas sobre temas a negociar. Pero los negociadores solo se han puesto de acuerdo en cuestiones menores

Por especular que no quede. Los medios de comunicación nos hemos metido en una disparatada espiral de conjeturas sobre los asuntos a negociar, algunos de mayor cuantía. Pero lo cierto es que los negociadores solo se han puesto de acuerdo en cuestiones menores escritas en el agua. Es decir, a merced del primero que quiera hacer olas. Hasta ahora, nada concreto que suponga un avance real en la pretensión socialista de lograr la investidura de Sánchez. O la de ERC de conseguir que el Gobierno eche una mano en el "fin de la represión", la autodeterminación de Cataluña, la amnistía para los políticos presos o la bilateralidad en el plano institucional.

La distancia sigue siendo insalvable entre quienes se amarran a la Constitución y quienes quieren reventarla. No hay punto medio, pero hay un mundo de grises donde la apariencia de que se ha cedido mucho sin ceder nada permita también aparentar que no se ha cedido nada habiendo cedido mucho, según argumentario que convenga a las dos partes. La gallina. Y en eso están Rufián y Lastra, Carmen Calvo y Pere Aragonès.

Hay otros dos vectores ineludibles en el análisis. Uno es que, según ha dicho, Sánchez no irá a la investidura si carece de apoyos. Y otro, que Casado, instalado en el "no es no", asume el retorno a las urnas ("y la responsabilidad será de Sánchez"), si el candidato propuesto por el Rey renuncia a la investidura por fracaso de la vía ERC. En este caso, sería el principio del fin de su carrera política. O lo reprueban los militantes en un proceso de renovación del liderazgo antes de las elecciones o lo reprueban los votantes si vuelve a ser el candidato del PSOE.

Al Grano
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