El leonesismo se despereza

Huelgan las estúpidas comparaciones con el separatismo y otros rasgados de vestiduras por una moción del Ayuntamiento de León que reclama la separación de Castilla

Foto: Catedral de León. (Pxhere)
Catedral de León. (Pxhere)

Reclamar una autonomía propia para el antiguo reino de León (demarcaciones provinciales de León, Zamora y Salamanca, creadas en 1833), rompiendo su actual vínculo autonómico con Castilla, puede ser inoportuno, inútil, de difícil materialización, pero no es ninguna excentricidad.

Responde a una larvada aspiración que hunde sus motivaciones en las más hondas raíces de la historia de España y en las menos hondas del salto democrático del 78 (Comunidad de Castilla y León, BOE 25 febrero 1983). Y es perfectamente legal, a la luz del derecho a la autonomía reconocido en la Constitución, según las previsiones contempladas en su artículo 143.

Huelgan, pues, las estúpidas comparaciones con el separatismo catalán y otros rasgados de vestiduras por una moción del Ayuntamiento de León que reclama la separación de Castilla. Ni siquiera puede considerarse como el principio del proceso, ya que la iniciativa corresponde a las Diputaciones Provinciales afectadas y al menos dos tercios de los ayuntamientos que reúnan una mayoría del censo electoral.

La aspiración hunde sus motivaciones en las más hondas raíces de la Historia de España y las menos hondas del salto democrático del 78

Luego vendría un largo proceso con referéndum final en cada una de las tres provincias, incluso con la posibilidad legal de que se quedase fuera alguna de las tres. Y todo eso está por ver. Hay que picar mucha piedra antes de que la ciudadanía de las tres provincias llegara a tomarse en serio la posibilidad de formar una nueva comunidad sin Castilla.

A partir del trabajo persuasivo orientado a conseguir la transversalidad política. Por ahora, solo la izquierda (PSOE y UP) secundan a UPL (Unión del Pueblo Leonés), grupo regionalista promotor de la moción en el Ayuntamiento presidido por el socialista José Antonio Díez, que ayer declamaba sus intenciones en la prensa nacional: “Estamos en una comunidad fallida, León no tiene nada que ver con Castilla”.

Hay que picar mucha piedra para que en las tres provincias pueda tomarse en serio la posibilidad de una nueva comunidad sin Castilla

Los dirigentes regionales del PP y el Cs se han desmarcado, pero saben perfectamente que también entre sus votantes está muy extendido el sentimiento leonesista y la sensación de agravio frente al componente castellano de la Comunidad presidida por el salmantino Alfonso Fernández Mañueco, del PP.

De raíces históricas, algunas referencias para desorientados. Por ejemplo, que León es anterior a Castilla. De hecho, Castilla nace como condado en el Reino leonés (Fernán González, 970). Si bien, después de la unión definitiva de las dos Coronas (Fernando III, 1230), lo castellano acaba absorbiendo la personalidad leonesa, incluida su lengua, lógicamente anterior al castellano.

León figura como "cuna del parlamentarismo europeo" en el registro de la "Memoria del Mundo", por expreso reconocimiento de la Unesco

Y también vale la pena saber que León figura como “cuna del parlamentarismo europeo” en el registro de la “Memoria del Mundo”, por expreso reconocimiento de la Unesco, en base a la fundacional convocatoria de las Cortes Leonesas en la basílica de San Isidoro (año 1188), a la que acudieron representantes de las distintas ciudades leonesas (Toro, Zamora, Astorga, Ciudad Rodrigo, León, etc).

Por zamorano, de Ayoó de Vidriales, en las faldas del Teleno, se habrá notado el ramalazo leonesista del que subscribe. Sí señor, leonés, y a mucha honra, con la ley en la mano, sin aspavientos, sin tatuajes, sin lanzallamas y sin absurdos paralelismos con el desleal, ilegal y arrogante desafío del independentismo catalán. Nada tan genéticamente español como lo leonés.

Al Grano
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