Adiós a nuestro cuarto año tonto

Medallas del Gobierno en 2019: subida del SMI, exhumación de Franco y organización de la cumbre del clima. Lo demás fue bloqueo e incertidumbre en una España a la defensiva

Foto: Sánchez e iglesias firman el programa de su futuro Gobierno de coalición. (EFE)
Sánchez e iglesias firman el programa de su futuro Gobierno de coalición. (EFE)

Ayer terminó el cuarto año tonto de la vida política nacional. Y acabamos de entrar en el quinto. Bajo el mismo signo del bloqueo, la inestabilidad y la misma España en funciones que sufrimos, cada vez más agravada, desde las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015.

Hasta la última hoja del calendario de 2019 cayó marcada por el quinielismo en los circuitos políticos y mediáticos sobre la investidura de Sánchez, pendiente del llamado consejo nacional de ERC, convocado para mañana, día 2. Y es que el volcán de Cataluña sigue en erupción, tras la sentencia del 'judici' en el Supremo (octubre), la más reciente sentencia europea sobre la inmunidad de Junqueras (diciembre) y las soflamas de Torra en formato mensaje institucional de fin de año.

El modo condicional fue el más usado en el verbo de periodistas a la caza de certezas donde lo político y lo judicial se amontonan en infecto apareamiento. También las conjeturas contaminan el lenguaje que nos gastamos desde las navidades de 2015, cuando Sánchez fue a la Moncloa a decirle a Rajoy, antes de que este abriera la boca, que no contase con él para desatascar la situación creada por el fin del bipartidismo.

Desde entonces, vivimos en un puro sobresalto. Mero impulso inercial de las dos constantes vivas durante los últimos 12 meses: provisionalidad e incertidumbre. En los tres poderes del Estado y en la economía nacional. Hasta el punto de que el presidente en funciones acabó escondiéndose de los periodistas (¿tan vergonzante le parece su acuerdo con Podemos?) y, tras el último Consejo de Ministros de 2019, ni siquiera se sometió al tradicional balance de cierre del año.

El modo condicional es el más usado en el verbo del periodista a la caza de certezas. Las conjeturas contaminan el lenguaje desde la Navidad de 2015

Bastó la ministra portavoz para celebrar la exhumación de Franco, la cumbre del clima y la subida del salario mínimo. Tres únicas medallas en la pechera del Gobierno. Y callar sobre lo que está pendiente en el normal funcionamiento del sistema. O sea, todo lo demás.

A saber:

Presupuestos heredados del PP (2016), pensiones congeladas, política fiscal, reforma laboral, financiación autonómica, Tribunal Constitucional, CNI, CGPJ, RTVE, sistema educativo, crecimiento de las desigualdades… Amén de un frenazo en las inversiones extranjeras por miedo a la inestabilidad política y una pavorosa deuda pública que nos hace vulnerables ante una temida recesión.

Sánchez terminó el año escondiéndose de los periodistas (¿tan vergonzante es su acuerdo con Podemos?) y ni siquiera hizo el tradicional balance

Son los funestos efectos de un Gobierno maniatado por su debilidad parlamentaria (en funciones durante 10 de los 12 últimos meses), un sistema constitucional con claros síntomas de fatiga, un Estado a la defensiva frente a insoportables ataques del separatismo de lanzallamas, una clase política percibida por la ciudadanía como nuestro segundo gran problema nacional (solo después del paro) y cinco procesos electorales (dos de ellos, generales) que no nos sacaron de dudas, más allá de la caída de Albert Rivera como líder de Ciudadanos, la irrupción de Vox (xenófobo, machista y euroescéptico) o el acceso de la derecha a la gobernación de territorios tan importantes como Madrid o Andalucía.

Al Grano
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