Plomo en las alas del nuevo Gobierno

Arranca una incierta etapa bajo la amenazadora gota fría catalana, con un Ejecutivo de frágil base parlamentaria, oposición bronca y extravagantes compañeros de viaje

Foto: Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. (EFE)
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. (EFE)

A punto de nacer un Gobierno con riesgo de muerte prematura, sin perjuicio de reconocerle el derecho a cien días de gracia. No son vectores incompatibles. Pero los elementos fundacionales, hijos de la necesidad y no de la virtud, conspiran contra la causa de la estabilidad de España, ahora en manos de quienes no tienen el menor interés por España y su estabilidad.

A saber: una base parlamentaria muy frágil, una oposición bronca, unos extravagantes compañeros de viaje y un larvado malestar en las propias filas del PSOE, partido de referencia (cada vez más invertebrado en los tiempos líquidos del sanchismo) para la incierta etapa política que se avecina.

Todo ello, bajo la amenazadora gota fría del llamado conflicto catalán, a cuyos agitadores debe Pedro Sánchez su relanzamiento como presidente del Gobierno. A cambio de su complicidad más o menos explícita con las reclamaciones del independentismo. La prenda inicial más explícita de todas es la "desjudicialización" del conflicto y su desvío hacia vías "políticas".

Si el precio es desjudicializar el conflicto, mal empezamos. El TS estigmatiza políticamente a Junqueras y Torra por vía judicial

Mal empezamos, con las decisiones del Tribunal Supremo, que estigmatizan políticamente por la vía judicial tanto al presidente de la Generalitat, Quim Torra, como al encarcelado líder de ERC, Oriol Junqueras (pierde la inmunidad al perder su condición de eurodiputado sin necesidad de suplicatorio).

El presidente de la Generalitat, Quim Torra (d), arropado por su ejecutivo. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (d), arropado por su ejecutivo. (EFE)

Si se quería evitar la judicialización del conflicto, ahí tienen dos tazas quienes creyeron que en nombre del diálogo se podían hacer tirabuzones con el dogma civil de la separación de poderes. En los marcos mentales del independentismo ha sido flor de un día la "voluntad sincera" de arreglar el "conflicto político" de Cataluña que Sánchez trasladó al 'president' en su conversación telefónica del otro día.

Pere Aragonès, vicepresidente de la Generalitat y alto dirigente de ERC, sobre cuyos 13 diputados fue posible la investidura del aspirante socialista, ya ha dicho que "o el Gobierno sale de su inmovilismo o volvemos a otras elecciones". Lleva la habitual carga conminatoria del discurso independentista, ahorra irritado porque ni se anula la sentencia del 'procés' ni se permite la excarcelación de Junqueras, en perfecta sintonía con la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE, cuyo tejido jurídico incluye, por supuesto, a la legislación española.

La caribeña pedrea de cargos, aireados antes de ser comunicados al Rey, todavía son laureles. Pero después de la gloria vendrá el dolor

La segunda en la frente. El TS tampoco retira la inhabilitación de Torra como diputado del Parlament, decidida por la JEC tras ser condenado por desobediencia en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en el asunto de los lazos amarillos. Y aquí la reacción del interesado es por elevación contra el orden constitucional en su conjunto: "Un nuevo golpe de Estado". Nos remite al plomo en las alas del gobierno de coalición PSOE-UP desde su origen, si relacionamos estas reacciones de los dirigentes independentistas con su muy aireada advertencia de que la gobernabilidad de España les trae sin cuidado.

Y, atención, todo esto ocurre cuando ni siquiera se ha formado oficialmente el nuevo Ejecutivo. Las tomas de posesión de los ministros están anunciadas para el lunes. Y su primer Consejo, el martes.

La caribeña pedrea de cargos (veintitrés departamentos, 23, algunos de ocurrentes denominaciones), los nombres de vicepresidentes y ministros aireados hoy en todos los medios de comunicación, antes de ser comunicados oficialmente al Rey, todavía son laureles. Pero después de la gloria viene el dolor, como le dijo Felipe VI a Sánchez después del ritual acatamiento de la Constitución en el Palacio de la Zarzuela.

Al Grano
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