Tiempos recios para el Gobierno del diálogo

La descripción del Gobierno recién nacido de la necesidad, no de la virtud, no mejora si nos inspiramos en la propia doctrina de Sánchez sobre sus compañeros de viaje

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

A una investidura por los pelos le corresponde una estabilidad por los pelos. La aritmética parlamentaria no engaña. Juega en contra. Es puramente descriptivo. Y no expresa un deseo sino un temor. Les doy mi palabra, pero trato de fundamentarlo.

La descripción del Gobierno recién nacido de la necesidad, no de la virtud (tanto PSOE como UP cotizaron a la baja en las urnas), no mejora si nos inspiramos en la propia doctrina de Sánchez sobre sus compañeros de viaje. Respecto a UP, procedencia de una cultura distinta a la del PSOE, declarada aversión al régimen del 78 y tendencia a justificar el desafío independentista en Cataluña. Respecto a ERC, su carácter “reaccionario, regresivo e incompatible con el socialismo”.

Sigo el hilo del todavía fresco discurso electoral de Sánchez:

Si faltan elementos sólidos en la “coalición del diálogo” (“social, territorial, generacional”), sobran los tóxicos en la “coalición del apocalipsis”, llamada a hacer oposición en esa “legislatura del diálogo”. El insidioso discurso de que “el futuro está en manos de comunistas y separatistas”, irresponsablemente compartido por PP, Cs y Vox, anuncia tiempos recios en el intento de “cimentar la España del acuerdo y no de la descalificación”. Pero me temo que el PP, necesario para el funcionamiento de las instituciones y las reformas pendientes que necesitan mayorías cualificadas, va a ser implacable con ese Gobierno de “varias voces y una misma palabra” pregonado ayer por Sánchez.

De fondo, el conflicto catalán. Una espada de Damocles sobre la gobernabilidad. Los guionistas de Moncloa piensan desactivarla cuando las actuaciones estelares de Quim Torra, el averiado presidente de la Generalitat (desposeído de su acta de diputado por la JEC), conviertan a ERC en el partido de referencia en Cataluña con ayuda de socialistas y comunes.

Si faltan elementos sólidos en la “coalición del diálogo”, sobran los tóxicos en la “coalición del apocalipsis”, llamada a hacer la oposición

De momento, Sánchez ignora la decisión de la JEC (espera el fallo del Supremo sobre el fondo de la cuestión) y se dispone a entrevistarse con el 'president'. Porque es un mandato del acuerdo PSOE-ERC. Y porque espera la ayuda involuntaria de Torra en convertir a ERC en el ganador de la grotesca carrera de sacos que libra con JxCAT por la primacía independentista.

Como lo oyen. Por ahí se puede romper la cuerda del desafío al Estado. En vía judicial, por supuesto. El rebelde, desobediente, el inhabilitado, el deslenguado, que se convertiría así en aliado involuntario de Sánchez, un pretexto legal para abrirse camino en la cuestión catalana. El mismo Quim Torra que hacía el gamberro a las puertas de Ferraz en aquel lamentable comité federal del PSOE que destronó a Sánchez el 1 de octubre de 2016, cuando ni en sueños se le pasaba por la cabeza que año y medio después sería el 131 presidente de la Generalitat.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra (d), arropado por su Ejecutivo. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (d), arropado por su Ejecutivo. (EFE)

Último factor de incertidumbre. Falta de implicación de barones y órganos centrales del PSOE, ese “partido nacionalista español”, según el ahora ministro Castells. No hay noticia de ningún debate sobre la formación del Gobierno en la ejecutiva. Ni en el comité federal (sigue vigente su doctrina “ni PP ni independentistas”), que no se reúne desde hace meses.

"¿Puede Sánchez reinventarse más veces?"

Sánchez no se ha molestado en llamar a ninguno de sus barones. Y es frecuente toparse con elogios al nuevo Gobierno por parte de dirigentes de UP o de ERC, pero raro encontrar elogios por parte de los barones regionales o los dirigentes históricos del PSOE, entre los que circula un debate en forma de pregunta: “¿Puede Sánchez reinventarse más veces?”.

Al Grano
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