Alfonso Alonso: el sorayista ajusticiado

Con la retirada de la candidatura del dirigente del PP vasco, Pablo Casado abre la anticampaña de la coalición PP-Cs. Un tiro en el pie para los anales de la torpeza política

Foto: El presidente del PP, Pablo Casado (d), charla con el presidente del PP vasco, Alfonso Alonso (i). (EFE)
El presidente del PP, Pablo Casado (d), charla con el presidente del PP vasco, Alfonso Alonso (i). (EFE)

El que avisa no es traidor, dice el refrán. Había sido amenazado de muerte política si no pasaba por el aro. Dicho y hecho. Con la fulminante retirada de Alfonso Alonso como cabeza de lista de la coalición PP-Cs, también se tambalea su presidencia del PP vasco (desde 2015), después de 30 años de entrega al partido.

Y así es como Pablo Casado ha abierto la anticampaña electoral del 5 de abril en esta comunidad. Un ruidoso tiro en el pie para los anales de la torpeza política.
Se veía venir. Los rumores se dispararon tras la cancelación de su anunciado paso (sábado noche) por el plató de una televisión. En su entorno inmediato, descartaban la dimisión hasta ese momento, pero pronto supieron que en Génova habían decidido ajusticiarle. Lo demás se formalizó en la cúpula nacional del PP, convocada por Casado ayer tarde con carácter de urgencia. Se propuso a Carlos Iturgaiz como candidato a lendakari y se hizo pública la caída de Alonso.

Algo siempre presentido anteriormente en conversaciones informales de este comentarista, referidas a los nuevos dirigentes de la calle Génova. Entonces, Alonso distinguía entre “los que quieren matarme y los que esperan que me muera” (en términos políticos, se entiende).

De un tiempo a esta parte, Alonso se refería a los dirigentes de Génova distinguiendo entre "los que quieren matarme y los que esperan que me muera"

Efecto tardío de la mal curada herida de las primarias nacionales, a raíz de las que el sorayista Alonso se convirtió en cabo suelto. Hace un año, huyó de la foto de Colon (las 'tres derechas'). Desde entonces, en Génova ya empezaron a verle como un dirigente personalista de difícil encaje en las líneas de actuación marcadas por el trío Casado-Egea-Cayetana.

Pero, más allá de reclamar en ese encaje una voz diferenciada para la organización vasca, Alonso venía redoblando últimamente las pruebas de su adhesión al liderazgo de Pablo Casado y a la línea oficial del PP. Incluida la estrategia orientada a la reconstrucción de un centro derecha de firme compromiso constitucional.

Alfonso Alonso (2i) y el portavoz parlamentario, Carmelo Barrio (2d). (EFE)
Alfonso Alonso (2i) y el portavoz parlamentario, Carmelo Barrio (2d). (EFE)

No le ha servido de nada. Ni siquiera la expresa conformidad con el acercamiento a Cs, que el propio Alonso venía defendiendo, aunque no hasta el extremo de regalarle puestos de privilegio en las listas. Ese fue al final el detonante del ruidoso desencuentro. En Génova ya habían dicho oficial y públicamente que el acuerdo con Cs era firme y que se aplicaría “con o sin Alonso”.

Una forma de indicarle la puerta de salida, materializada con excusas mal traídas sobre el empeño de Alonso en echar un pulso a la dirección nacional, amén de un supuesto desinterés del dirigente vasco en los tratos con Cs.

Hace un año, huyó de la foto de Colon. Y en Génova empezaron a verle como un cabo suelto de difícil encaje en el equipo de Casado

Oficialmente, Alonso ha sido la víctima de los alegatos de Génova contra los "proyectos personalistas" frente al “proyecto unificador del centro derecha”. Pero esos alegatos frenan en seco si se trata de Alberto Núñez Feijóo, líder del PP en Galicia, donde, como en el País Vasco, el partido liderado 'de facto' por Inés Arrimadas también carece de representación parlamentaria. Y eso que los antecedentes tampoco jugaban a favor de Feijóo, visto por la emergente portavoz parlamentaria, Cayetana Álvarez de Toledo, como un peligroso nacionalista.

Galicia tiene sus peculiaridades y el País Vasco las suyas, muy acusadas en ambos casos. La diferencia con Alfonso Alonso, al que Cayetana también reprochó hace unos meses la supuesta indolencia del PP vasco frente al nacionalismo, es un Feijóo acorazado con la mayor facturación electoral registrada en la España democrática (47,53% en las elecciones autonómicas de 2016, solo comparable a la barrida socialista de Felipe González en octubre de 1982).

Por tanto, no es el personalismo lo que se interpone en la política refundadora del centro derecha, sino las relaciones de poder, que a escala de partido funcionan con las mismas reglas que a escala nacional o internacional.

Al Grano
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