Juan Carlos I: motor del cambio y juguete roto

Ponerse a disposición de la Justicia, devolver el dinero y disculparse a la japonesa. En cualquier otro desenlace, persistiría la ofensa del Rey emérito al pueblo soberano

Foto: El rey Juan Carlos, durante la conmemoración del 40º aniversario de la Constitución. (EFE)
El rey Juan Carlos, durante la conmemoración del 40º aniversario de la Constitución. (EFE)

Se agiganta la figura de Felipe VI (atentos a su mensaje televisado de esta noche sobre el desafío del coronavirus) con su decisión de cortar por lo sano. Renuncia a la herencia del padre y le retira la asignación oficial. Obras son amores. Hacer y no decir, en nombre de la transparencia y la ejemplaridad. No es retórica de mensaje navideño. Son decisiones valientes en defensa de la Corona y la imagen internacional de España.

Juan Carlos I: motor del cambio y juguete roto

Detrás queda malherida la figura del Rey emérito, por su aberrante forma de garantizarse la jubilación. De motor del cambio a juguete roto cuya redención solo tiene un camino.

Mejor dicho, tres, en la misma dirección y obligatoriamente compatibles entre sí. A saber:

Uno, ponerse a disposición de la Justicia española. El blindaje constitucional lo perdió con la abdicación, aunque conserva el aforamiento por hechos posteriores al 19 de junio de 2014. Desde entonces, ya no es inviolable, aunque su eventual enjuiciamiento corresponde al Tribunal Supremo. Y parece clara la persistencia de conductas presuntamente delictivas después de esa fecha (el delito fiscal, por ejemplo).

Se agiganta la figura de Felipe VI con su decisión de cortar por lo sano. No es retórica navideña. Obras son amores, en nombre de la ejemplaridad

Dos, devolver al patrimonio nacional un dinero obtenido por ser quien era. Y lo era por la gracia del pueblo soberano. Así que el retorno de los millones acogidos a la tramposa hospitalidad de Liechtenstein y Panamá solo puede tener ese destino.

Y tres, pedir perdón a la japonesa. Por las genuflexiones, no por el clásico harakiri, procedimiento bárbaro y obsoleto donde los haya en los manuales del arrepentimiento. Serviría también la doctrina cristiana sobre el acto de contrición que, según los teólogos, es una disposición de la voluntad del pecador. En un plano estrictamente civil menos creíble quedaría ya una dosis de recuerdo de aquel "lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir".

En cualquier caso, el portazo del Rey no supone la estigmatización del legado político de Juan Carlos I. Solo afecta a la asignación económica, la representación institucional (la exclusión ya estaba vigente desde el 2 de junio del año pasado) y la herencia que pudiera corresponder a Felipe VI en el testamento del padre. Y no afecta a páginas de nuestra reciente historia ya escritaS con mucho fundamento.

El portazo no debe llevarnos a una estigmatización del legado político de su padre. No sobra ese renglón histórico al servicio de la democracia

La desprestigiada figura personal del Rey emérito es la de un juguete roto. Pero eso no borra su legado como 'motor del cambio'. Abanderó la tarea de abrir por dentro las puertas del franquismo al hambre atrasada de libertades. Un intangible imborrable en la memoria colectiva de los españoles. No sobra ese renglón histórico al servicio a la democracia.

Curiosamente, ha venido de la propia Casa del Rey, no del Gobierno, la reacción ante las informaciones aparecidas hace unos días en el periódico británico 'The Telegraph' y anteriormente en el suizo 'Tribune de Genève' sobre el culebrón Juan Carlos-Corinna-Sanz Roldán-Villarejo.

Del comunicado oficial de Zarzuela se desprende que Moncloa lo sabía, al menos desde la primavera de 2019, por información de la Casa del Rey a las "autoridades competentes" (artículo 64 de la Constitución sobre responsabilidad diferida al Ejecutivo). Pero no dijo ni media palabra, más allá de la sobrevenida conformidad de Pedro Sánchez con las decisiones del Rey, a la pregunta expresa formulada ayer por un periodista.

Una razón más para que sus socios (Podemos y ERC) insistan en formar una comisión parlamentaria de investigación en cuanto el coronavirus lo permita.

Al Grano
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