La España de los balcones eclipsa a Sánchez y Casado

La victoria contra el coronavirus se la apuntará la movilización civil, cuyo sentido de la solidaridad empequeñece a los líderes políticos

Foto: Los vecinos de la Policlínica Povisa aplauden desde sus balcones. (EFE)
Los vecinos de la Policlínica Povisa aplauden desde sus balcones. (EFE)

Como en el juego de las siete y media, tan malo es pasarse como no llegar. La analogía es aplicable al Gobierno, obligado a ser resolutivo sin caer en la unilateralidad. Pero también al principal partido de la oposición, a la hora de saber si está más interesado en derrotar al coronavirus o a Pedro Sánchez. Ante los llamamientos de Moncloa a la unidad de acción, el líder del PP, Pablo Casado, resume el sincretismo de su posición desde la portada de 'El Mundo': “Apoyaré a Sánchez para salvar vidas, no para que arruine España”.

El argumento es insidioso, pues la premisa adversativa denuncia un inconfesable plan de demolición del país. Eso es inaceptable, se mire por donde se mire. Y en cuanto a la premisa mayor, anunciadora del apoyo parlamentario a la prórroga del estado de alarma que se votará el jueves, cabe preguntarse si puede Casado permitirse una posición distinta al asentimiento.

"No habrá pactos de la Moncloa. ¿Gobierno a la sombra de una gran alianza político-empresarial-sindical como en 1977? De ninguna manera"

Sánchez no despierta cada mañana cavilando sobre la forma de arruinar España. Ni Casado busca motivos para aplaudir a su adversario en nombre del frente unido contra el enemigo común. Ni uno es un desastre sin paliativos ni el otro es la gran esperanza blanca para acabar con el virus. Sánchez juega a que le debamos la victoria final. Por eso, no por el descuelgue de Vox, no se repetirán los pactos de la Moncloa. ¿El Gobierno a la sombra de una gran alianza de actores políticos, empresariales y sindicales, como en 1977? De ninguna manera, aunque se use el 'señuelo', según denuncia con acierto un Pablo Casado listo para incrementar su ofensiva a medida que se vaya viendo la luz al final del túnel.

Nada nuevo. Pura lógica en la lucha por conservar el poder, en un caso. O por reconquistarlo, en el otro. Sánchez quiere acertar para subir a los altares de la política nacional. Pero ese es un escenario indeseable para el PP. Ergo, Casado hará lo posible por impedirlo sin desmarcarse del frente común y sin hacerle la ola a eventuales aciertos del Gobierno. Por ejemplo, vale denunciar la desidia del Gobierno por la retención de material médico en Turquía, pero no el aplauso por el desbloqueo.

"Sánchez quiere acertar para subir a los altares de la política nacional y Casado hace lo posible por impedirlo sin desmarcarse del frente común"

Conviene no hacerse trampas en el solitario. Contando con las facilidades que le viene dando el tándem Sánchez-Iglesias, el líder del PP espera en su fuero interno, sin confesarlo públicamente, que el coronavirus se lleve por delante el Gobierno. Igualito que Sánchez cuando, con menos motivos, braceó irresponsablemente para que el ébola derrotase al Gobierno del PP. Cinco años después, la hemeroteca le obliga a encajar duras acusaciones del sucesor de Rajoy (imprevisión, caos, inseguridad jurídica, mentiras, vaivenes, incompetencia, caos, unilateralidad, desgobierno, etc.). Ahora solo pide que no se distraiga al cirujano y se aplacen los reproches (él no le hizo esa caridad a Rajoy) hasta el día después de la victoria.

Todo eso está en la naturaleza de la lucha por el poder. Pero el sectarismo a ambos lados de la barricada nos impide ver que solo el pueblo soberano está realmente comprometido en la solidaria remada conjunta para frenar la epidemia. Los políticos y sus palmeros han llevado a los medios y las redes un destructivo intercambio de pedradas donde la tan reclamada unidad política contra el virus es una quimera.

"Casado espera que el coronavirus derrote al Gobierno. Como Sánchez cuando braceó para que el ébola derrotase al Gobierno del PP"

Llegará la victoria y se la apuntaremos a la España de los balcones y los aplausos de las ocho de la tarde, esa movilización civil cuyo sentido de la solidaridad ha eclipsado y empequeñecido a Sánchez, Casado, Abascal y resto de actores partidistas frente al indiscriminado ataque de un virus cuyos efectos políticos, económicos y sociales están por ver.

Al Grano
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