El Gobierno que hablaba en puntos suspensivos

La crisis del coronavirus ha agravado el problema de credibilidad que Sánchez arrastra desde su segundo salto a la Moncloa

Foto: La ministra portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, y el ministro de Sanidad, Salvador Illa, durante una rueda de prensa. (EFE)
La ministra portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, y el ministro de Sanidad, Salvador Illa, durante una rueda de prensa. (EFE)

El confinamiento se ha revelado como un eficaz antídoto frente al avance del coronavirus. Pero un día de estos hemos de dedicar un turno a los daños colaterales en la salud mental de los individuos, sin distinción de género, edad o pelaje político. La de todos. Aquí no se libra nadie. Desde los que solo vemos en Landelino Lavilla al hombre que miraba a Tejero como las vacas miran al tren —ay, la negra estampa del 23-F—, hasta los que acusan al Gobierno de practicar una “eutanasia feroz” contra los abuelos.

En la pesadilla, aparece también la manía persecutoria del independentismo furioso por las presuntas ocurrencias numerológicas de Moncloa y los obsesivos brotes de republicanismo en un vicepresidente de Gobierno del Reino de España.

Si todo esto no es el producto de una pesadilla, ha sonado la hora de los expertos en salud mental. Con tareas añadidas. Por ejemplo, la de ayudarnos a superar la incómoda sensación de estar a merced de un Gobierno inseguro, titubeante, especulativo, improvisador, retórico, que habla en puntos suspensivos, medias verdades y palabras rotas.

Mal vamos si el pasaje no se fía del piloto. Ni del resto de una tripulación con tendencia a distraerse con salmos oxidados. La ministra de Igualdad reclama “una salida antifascista de la crisis” y su pareja, el vicepresidente, se crece en su aversión al uniforme militar del Rey, mientras el jefe, Sánchez, mira a la “posguerra” y mimetiza el lenguaje bélico de Churchill. Por levantar el ánimo de millones de españoles con hambre atrasada de besos, ignorando tal vez que el famoso 'premier' británico ganó la guerra pero perdió las elecciones (25 de julio de 1945) apenas dos meses después de la entrada de los rusos en Berlín.

La oposición acusa a Sánchez de mentiroso. Algunos pensamos que en este caso la mentira cursa como efecto no doloso de la inconsistencia

El cautiverio nos confunde. También a Pedro Sánchez, hasta el punto de hacerse el olvidadizo respecto al problema de credibilidad que arrastra desde su segundo salto a la Moncloa haciendo justo lo contrario de lo prometido en campaña —que jamás se juntaría con populistas ni con independentistas—. Problema agravado con la crisis del Covid-19.

Aunque ahora su principal relación con el mundo exterior es el llamamiento a la unidad, los dirigentes políticos se enteran por la prensa de que están citados en Moncloa a partir de mañana y le acusan de mentiroso. En este caso, la mentira cursa como mero efecto no doloso de la inconsistencia. Se percibe en cada comparecencia televisada del presidente a horas de máxima audiencia y en las diarias ruedas de prensa de los ministros. Preguntas sin respuestas o respuestas imprecisas que nos dejan en ayunas. Mucha retórica. Incontinencia verbal. Toreo de salón. Medias palabras.

"Vamos a escuchar las propuestas de quienes quieran colaborar", dice Montero, sobre el que parecía apremiante pacto para la reconstrucción

¿Qué fue de la renta mínima anunciada como algo inminente? "Estamos trabajando en ello", decía ayer la ministra portavoz. ¿Y de la remada conjunta para el plan de reconstrucción que al PP, imprescindible para una salida centrada y no sesgada de la crisis, le sigue pareciendo un “señuelo”? “Escucharemos las propuestas de quienes quieran colaborar”, dice María Jesús Montero. Más impreciso aún, el ministro Escrivá sitúa el momento pacto de reconstrucción en “un proceso previo de reflexión y de intercambio de ideas. Eso requiere que las fuerzas políticas y sociales pongan encima de la mesa sus posiciones, antes de buscar un punto en común”.

La crisis sanitaria ha desempolvado la maldita brecha entre la España real y la España oficial. Un Gobierno convencido de que la clave reside en un BOE cuyos decretos chocan con la realidad de una burocracia premiosa en la que se estrellan los afectados por las ayudas, las exenciones, los créditos bancarios, las moratorias, etc. Bien lo saben los tres millones de trabajadores afectados por los ERTE. Y me temo que eso les aguarda a las pymes y los autónomos afectados por la moratoria fiscal aprobada en el Consejo de Ministros de ayer.

Al Grano
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