24.000 muertos sin luto oficial

Es incomprensible que en los planes de desescalada no figuren previsiones para honrar la memoria de las víctimas y compartir el dolor de sus familias

Foto: Minuto de silencio por los fallecidos con coronavirus en la Puerta de Alcalá, en Madrid. (EFE)
Minuto de silencio por los fallecidos con coronavirus en la Puerta de Alcalá, en Madrid. (EFE)

Esperemos que los planes de desescalada anunciados por Sánchez —corbata color purpura en su comparecencia de ayer tarde— no nieguen el homenaje ni entierren la memoria de los 24.000 conciudadanos muertos por coronavirus.

Es incomprensible que, a estas alturas de la desdicha compartida, en esos planes no figure previsión alguna de luto oficial, como viene reclamando con insistencia el líder del PP, Pablo Casado. En Moncloa, se sigue considerando inconveniente.

Se echa de menos el color negro en instituciones públicas y sus representantes. Desde que los Reyes Católicos asociaran ese color a la pérdida de un ser cercano, los gobernantes lo usaron para escenificar el sufrimiento compartido en desgracias colectivas. Pero en el aquí y ahora de la devastadora crisis que nos agobia, esa inercia histórica solo se ha seguido en puntos concretos del tejido regional y municipal.

Desde que los Reyes Católicos asociaron el color negro al luto, los gobernantes lo usan para escenificar el dolor en las desgracias colectivas

Dicen en el entorno de Pedro Sánchez que ya habrá tiempo de llorar a los muertos, que ahora toca concentrar los esfuerzos en salvar a los vivos. Es uno de los dos grandes sofismas de la España oficial en guerra contra la epidemia. El otro es celebrar las muertes evitadas gracias al confinamiento, que al fin y al cabo es una forma de ocultar que se hubieran evitado todavía más de haberse actuado mucho antes.

El tiempo de llorar a los muertos no es tiempo robado a la tarea de salvar vidas. Centrarse en evitar contagios y curar a los enfermos no impide que en los consejos de ministros, plenos del Congreso o del CGPJ se guarde un minuto de silencio, que las banderas nacionales ondeen a media asta o lleven crespones negros en los edificios oficiales.

Dicen en Moncloa que habrá tiempo de llorar a los muertos. Pero una expresión de duelo compartido no es tiempo robado a la tarea de salvar vidas

Son expresiones pasivas de duelo compartido por la muerte de miles de compatriotas. Nada más. Una reacción solidaria del ser humano, que pertenece a una especie vulnerable y amenazada, como explica Albert Camus en 'La peste': “La seule façon de mettre les gens ensemble, c`est encore de leur envoyer la peste”. Canta Violeta Parra: “El canto de ustedes es mi propio canto”. Y el llanto también.

A los españoles nos unen ahora dos grandes motivaciones. Por un lado, el fin del confinamiento por derrota del coronavirus, el ansia de retorno a los paraísos perdidos o, si se quiere, el retorno a la libertad, aunque sea vigilada. Y por otro, el dolor compartido por los muertos, junto a la necesidad de escenificar la compasión ante las personas que han perdido uno o varios miembros de la familia. Eso es el luto, solo expresado a nivel estatal en el minuto de silencio que se guardó en el Congreso el 22 de marzo, convocado no por la presidencia de la Cámara sino a iniciativa del líder del PP.

A los españoles ahora nos une la necesidad de escenificar la compasión ante personas que han perdido a uno o varios miembros de la familia

Entiende el Gobierno que escenificar oficialmente el luto sería escenificar oficialmente su fracaso en la gestión de la crisis. No está en su mano acallar las cacerolas, pero sí ahorrarse el luto oficial. Por una cuestión de imagen. Y tampoco está a su alcance frenar el estupor de quienes no entendemos que pueda perderse un solo minuto en atribuir tales o cuales efectos políticos a los gestos oficiales de solidario acompañamiento a las familias.

Al Grano
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
17 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios