El jinete del hambre ya galopa entre nosotros

Basta acercarse estos días a los comedores sociales para ver cómo aumenta el número de personas que hacen cola sin tener aspecto de indigentes

Foto: Miembros de Cáritas repartiendo alimentos. (EFE)
Miembros de Cáritas repartiendo alimentos. (EFE)

Junto a la España políticamente envenenada y económicamente rota, que en un amargo primero de mayo (vamos hacia un 19 % de paro) se esforzaron en camuflar la vicepresidenta Calviño y la ministra Montero, se avecina una España socialmente explosiva. Enésima ocasión de saber si realmente la persona está en el centro, sobre todo en el gobierno de lo público, como se viene creyendo desde el siglo de Petrarca.

"Desplome sin precedentes en tiempos de paz", dice la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde. Otros hablan de catástrofe humanitaria. Dejémoslo en devastadores efectos de la pandemia sobre los trabajadores. La parte más vulnerable de la sociedad. Primera en sufrir los efectos de una crisis económica. Última en sentir la recuperación.

Así fue siempre desde que Pablo Iglesias habló ante la histórica comisión de reformas sociales (1884) de "la libertad de morirse de hambre" que se le reconocía al obrero despedido de su puesto de trabajo. Y así volverá a ser si no lo remedian los sistemas de protección social y esa prometida renta mínima "estructural y permanente" concebida como reactivadora del consumo más que como camión escoba de rezagados, aunque el ministro Escrivá hable de "itinerarios de inclusión".

"Pablo Iglesias, fundador del PSOE, ya hablaba en 1884 de 'la libertad de morirse de hambre' reconocida al obrero despedido de su trabajo"

Nos sale al paso el alegórico capítulo sexto del Apocalipsis. El jinete del hambre se despereza. Preparado para galopar entre nosotros sobre el caballo negro de la pobreza y la exclusión. Como una amenaza real y documentable, cuya aterradora silueta se adivina entre los nubarrones económicos. "La peor situación desde la guerra civil", dice Calviño. Odiosa comparación (o no), que solo parece referirse a los guarismos del hundimiento del PIB (-9,2 % en 2020).

Mejor así. Sin necesidad de hacer memoria de aquel tiempo de miseria, hambre, desnutrición y enfermedades. Los estudiosos de las ciencias sociales hablan ahora de "insolvencia alimentaria" o "niños malnutridos". La forma de nombrarlo es lo de menos. El caso es que se nos pone en la pista del drama que ya han empezado a sufrir en silencio millones de familias afectadas por la "hibernación" de la economía.

No hace falta entrar en la vieja controversia sobre las cifras de la pobreza en España, según las distintas organizaciones y sus respectivos criterios de medición, más allá del hecho comúnmente aceptado de que la última crisis económica disparó el número de familias españolas en estado de pobreza severa o en riesgo de estarlo.

"'La peor situación desde la guerra civil', dice Calviño. Odiosa comparación (o no), que solo afectaría a las cifras de caída del PIB"

Basta darse una vuelta por los comedores sociales (Cáritas, ayuntamientos, parroquias católicas, entidades solidarias y caritativas) y ver cómo han aumentado en estas últimas semanas las personas que, sin aspecto de indigentes, guardan cola para comer o a la espera de cestas de comida para la familia. Hacen buena la hipótesis de que hoy por hoy en España tener un puesto de trabajo no garantiza llevar una vida digna.

La "fuerte recuperación a partir de 2021", pregonada ayer la vicepresidenta Calviño, será sostenible o no será. Eso solo puede ser el resultado de afrontar una doble batalla contra el desempleo y la pobreza. En los dos frentes al mismo tiempo. Creando empleo de calidad, se entiende. Si volvemos a las andadas de la precariedad y el despido, que son efectos duraderos de la "recuperación" de la última crisis, tendremos que admitir que el grito parlamentario de Pablo Iglesias, el histórico fundador del PSOE, está más vigente que nunca.

Al Grano
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