Negra sombra: ¿y si el virus ataca de nuevo?

Además de gradual y asimétrica, la desescalada sería reversible si se produce un rebrote. El riesgo es “muy alto”, según Fernando Simón

Foto: The spread of the coronavirus disease (covid-19) in madrid
The spread of the coronavirus disease (covid-19) in madrid

Con la mitad de los españoles en libertad vigilada a partir de este lunes, solo por razones de salud pública –algunos hablan de “dictadura encubierta”–, el Gobierno aplica su doctrina sobre desescalada gradual y asimétrica. Y “reversible”, debería añadir, por “alto riesgo” de paso atrás, según Fernando Simón. Una sombra negra en las previsiones del mando único.

Si se aceleran los planes se pueden cometer “errores dramáticos”, dijo ayer la ministra, María Jesús Montero. De ahí la exigencia de garantizar la respuesta de un sistema sanitario convaleciente de las durísimas pruebas que acaba de sufrir. Y eso nos remite al caso de la Comunidad de Madrid, una de las dos grandes zonas de riesgo a escala nacional, junto a Cataluña.

Mientras los consejeros de Díaz Ayuso disputaban sobre si debían primar los argumentos económicos sobre los sanitarios, o al revés, una insensata soflama sostenía en las redes sociales que Sánchez retrasa el desconfinamiento porque así también retrasa el tsunami de voces que pedirán su dimisión cuando termine la guerra. Qué tontería. Lo cual no desmiente un malestar larvado a la espera de pasarle factura en las urnas. Eso es otra cosa.

Díaz Ayuso pidió el desconfinamiento (paso a la fase 1), no tanto por haber oído a los empresarios –dice–, sino después de visitar un comedor social

Sobrevolemos la insufrible politización cosida a cualquier paso de la impulsiva presidenta madrileña. Solo hechos objetivos, pues los procesos de intención los carga el diablo. Reconoce Díaz Ayuso, y así lo declara, que frenar el desconfinamiento parcial frena la urgente reactivación del sistema productivo. Pero si le recuerdas que pidió el salto temprano de fase después de haber hablado con la patronal (Ceim), te dirá que venía de visitar un comedor social. O así le interesa pregonarlo.

Salud o trabajo. Con ese dilema maldito cargan los gobernantes en tiempos de coronavirus. Da igual su pelaje político. Véanse las decisiones del mando único sobre los saltos de fase por provincias y áreas sanitarias. No es mayor la contrariedad de Moreno Bonilla y Díaz Ayuso (PP) que la del valenciano Ximo Puig o el castellano- manchego García Page (PSOE) en la cita dominical de Pedro Sánchez con los presidentes autonómicos.

Los ministros Illa y Montero insisten en el carácter “técnico” de las decisiones que toma el Gobierno, oyendo a los expertos, en aplicación de la desescalada. Su presunta falta de sinceridad no desmentiría la inatacable secuencia que angustia no al dirigente de tal o cual partido, sino al gobernante central o territorial: el confinamiento salva vidas generando paro y el paro abre la puerta a la pobreza y el hambre.

El confinamiento salva vidas generando paro y el paro anuncia hambre y pobreza. Es la secuencia que angustia al gobernante central o territorial

Sin actividad económica crecen las colas en comedores sociales, pero también crece el riesgo de recaída si el desconfinamiento es prematuro. Por eso se multiplican los llamamientos a no bajar la guardia. Las palabras “prudencia”, “responsabilidad” y “cautela” no se caen del discurso oficial ante un eventual contraataque del coronavirus.

Los expertos entienden que Madrid necesita reforzar su red de atención primaria, así como sus sistemas de rastreo y detección temprana antes de pasar a la fase 1. Y un repunte epidémico no le conviene a Díaz Ayuso ni a Sánchez, a los empresarios ni a los trabajadores, a la patronal ni a quienes cumplen la solidaria función de los comedores sociales.

El drama se agrandará si no colaboramos con el calor del verano, el salitre de las playas y el cloro de las piscinas para evitar otra oleada de contagios

El drama se agrandará si no colaboramos todos, también los gobernantes, sean del partido que sean, con el calor del verano, el salitre de las playas y el cloro de las piscinas para evitar una segunda oleada de contagios en los albores del otoño. “Nos esperan cifras muy duras en los próximos meses”, dice Antonio Garamendi (CEOE). Y eso aun dando por seguro que la España de muertos y contagiados de ahora se convertirá de todos modos en la España del hambre y la pobreza.

Tiene razón Sánchez cuando dice que desactivar esa amenaza no es un proyecto político sino un reto nacional, una necesidad de todos los españoles. Pero debería empezar por aplicarse el cuento. Los hechos desmienten sus retóricos ofrecimientos de mano tendida al PP, como principal partido de la oposición. Y al líder de este partido, Pablo Casado, tampoco le exculpa el haber confundido una nueva prórroga del estado de alarma con la extemporánea oportunidad de tumbar al adversario sin presentar una alternativa creíble a los planes de este.

Al Grano
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