Felipe González, jarrón grande, salón pequeño

El PSOE recibe con indiferencia las críticas del expresidente a los pactos con los "enemigos de España" y "los que creen que la Constitución está superada"

Foto: El expresidente del gobierno español, Felipe González. (EFE)
El expresidente del gobierno español, Felipe González. (EFE)
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El síndrome del jarrón chino (¿dónde ponerlo sin que se rompa y sin que estorbe?) ha reaparecido con las últimas declaraciones del histórico líder del PSOE y expresidente del Gobierno, más bien críticas con el acercamiento de Pedro Sánchez a los "enemigos de España" y "los que creen que la Constitución está superada". En sus propias filas han sido recibidas con indiferencia.

Un dirigente socialista con mando en plaza, probablemente el último eslabón del antiguo PSOE en la nomenclatura sanchista, dice: "no le des más vueltas, desengáñate, Felipe ha dejado de ser un referente en el partido". Un miembro del Gobierno con etiqueta de independiente se limita a calificar de "innecesarias" tales declaraciones. En cuanto a Sánchez, me consta que veinticuatro horas después desconocía lo dicho por González en los Desayunos de Nueva Economía.

¿Y qué dijo Felipe González el jueves pasado?

Reivindicó la tarea de una generación política menospreciada por los socios políticos del PSOE, denunció la pretensión revisionista de Podemos y nacionalistas periféricos, defendió la necesidad de consensos centrales en defensa del interés general y se reconoció socialista por siempre jamás, amén. No se le pasa por la cabeza la idea de fundar un nuevo partido. Vino a decir que hay bastantes causas de ruptura como para añadir una más.

"Me consta que, veinticuatro horas después, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, desconocía las declaraciones de Felipe González"

Sobre las reacciones en la facción podemita, mejor no hablar. Sus dirigentes, de declarada aversión al régimen del 78, la Monarquía y el PSOE de la cal viva, se han mordido la lengua, aunque el historial no engaña. Para Iglesias y los suyos, ese era hasta hace poco el partido de la corrupción al servicio del Ibex. Así que ustedes mismos entenderán su silencio. Solo el portavoz en el Congreso, Pablo Echenique, ha abierto la boca para calificar de "provocación" los recados de González.

Sin embargo, a mi juicio, son mensajes oportunos, están cargadas de sentido común y conectan con el clamor general de una ciudadanía que reclama unidad para superar la bronca política. Un llamamiento a consensos útiles que sirvan para cerrar la crisis sanitaria y afrontar la reconstrucción de una España que viene políticamente inestable, económicamente rota, socialmente convulsa.

Sánchez hubiera sintonizado con esas formulaciones cuando, aún después del PSOE desangrado en las primarias y todavía no podemizado, sostenía que "este es un partido de izquierdas que mira al centro". Pero esa página se cerró después del 10-N. La aritmética electoral propició el abrazo tóxico con Iglesias Turrión. Y con el abrazo vino el aflojamiento de ataduras a la obra de la transición, denostada por sus socios preferentes.

Sánchez hubiera sintonizado con esas formulaciones cuando decía que era "un partido de izquierdas que mira al centro"

He ahí uno de los efectos visibles hoy por hoy: los mensajes de Felipe caen en saco roto porque el PSOE está prisionero de sus pactos de supervivencia con indisimulados enemigos del Estado. Otro efecto es la indolencia socialista a la hora de rebatir los ataques de sus socios a la Monarquía (en realidad es a la jefatura de un Estado que quieren dinamitar), aprovechando la reprobable conducta de Juan Carlos I. Por cierto, un rey emérito sometido a valores tan republicanos como la igualdad ante la ley (aforado, no inmune) en un régimen democrático del que la Corona es una pieza más.

Y todo esto sugiere que, efectivamente, el jarrón es demasiado grande para un salón tan pequeño.

Al Grano
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